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18 mayo 2010

La Leyenda del Monolito de Cuapa (Nicaragua)

La alcaldesa de Cuapa, profesora Leslie López Martínez nos da la versión de la leyenda del Monolito de Cuapa que a ella le contaron cuando era niña.

“En Cuapita, había dos señores que eran padres de una muchacha bien linda, que se llamaba Florita, y vivía cerca de esa piedra (la del monolito) donde existían duendes. Sucedió entonces que los duendes eran enamorados de la muchacha, y los señores se ponían enojados porque éstos les hacían la vida imposible, por ejemplo, le escondían los reales y todas las cosas a la señora”.

“Resulta que una vez que ella iba a encender el fuego, se le habían perdido los reales, y para todo le echaba la culpa a los duendes, y grande fue su sorpresa cuando miró los reales envueltos en un papelito donde ella los tenía guardados, que casi se le quemaban; entonces la señora, enojada empezó a hablar mal de los duendes: ‘Estos condenados duendes que mucho molestan...’, y así vivían haciendo zanganadas”.

“Ella manejaba un radio con música para correrlos y traía gente que tocara guitarra porque decían que con música los duendes se corrían. Pero resulta que un día los duendes dicen: ‘Me las van a pagar, me les voy a llevar el burro [con] que jalan el agua’. Entonces se llevaron el burro y lo encaramaron en lo alto de la piedra. Sucedió que en la mañana el señor empieza a buscar su burro para jalar agua y no lo encuentra, en eso oyó que el burro rebuzna arriba: ‘Ya sabía yo que habían sido estos bandidos duendes que no tienen nada que hacer, que ya dejen de hacerme la vida imposible, me voy a tener que ir de aquí’, vociferaba el señor”.

“Al oírlo, los duendes se aparecieron y le dijeron: ‘Mire, si usted nos da a la muchacha, nosotros le bajamos ese burro’. Entonces les dijo que sí y le bajaron el burro, pero los engañó y no les dio la muchacha. Los duendes los siguieron molestando”.

“Resulta que al final los señores se fueron del lugar llevándose a la muchacha, motetes de ropa, cántaros y todas sus cosas. Según ellos, ya iban a vivir tranquilos en otro lugar lejos de los duendes. Pero en eso, la señora se detuvo y dijo: “¡Ahh!, saben qué se me olvidó.... se me olvidó la bacinilla. Pero cuando ella dice eso, los duendes contestan: ‘No, si aquí se la llevamos’. Entonces enojados tuvieron que regresar a su mismo lugar porque dijeron que a donde anduvieran, siempre iban a ir detrás esos duendes”.

Toribio Garmendia (Nicaragua)

En las numerosas guerras fratricidas del siglo pasado, Toribio Garmendia era el asimilado cachureco que desde las trincheras, con su poderosa voz, gritaba improperios al enemigo.

¡Nacho Pastrán, acordate de Toribio Tapudo que juró arrancarte las botas con todo y patas...!

Aquel era el grito que salía poderoso de la garganta de Mateo Antonio Zeledón, amigo entrañable y cómplice en las numerosas zanganadas juveniles cometidas por Sancho y el que esto escribe, allá por los años cuarenta en la finca “El Socorro” propiedad de don Francisco Huezo, en ese tiempo gerente del Banco Nacional.

Para ir a dicha estancia existía un camino que con rumbo sur salía por el lado de la ermita de la Ascensión, continuaba por la orilla oriental de la Laguna Tiscapa y se adentraba en lo que es hoy la carretera a Masaya hasta llegar a otras estancias, entre ellas la hacienda San Juan, la última que conocí por ese rumbo.

Todavía hará unos quince años quedaban algunas ruinas de la finca El Socorro, sobre todo una alameda de mangos que conducía hacia la casa de madera machihembrada del patrón. Hoy en esa zona quedan los Pollos Camperos, Residencial Altamira y lugares como La Vicky, el parque sucio, el Polideportivo España y otros que antes eran posesiones del señor Huezo y de su esposa, doña Clementina Maltez de Huezo.

MATEO EL MANDADOR

Mateo era el lechero de la finca. Su trabajo principal consistía en conducir el carretón halado por el “Careto” y venir a entregar las pichingas de leche a diferentes casas de Managua. Por la tarde, a eso de las cuatro, hacía otro viaje a la ciudad para recoger los recipientes vacíos y llevarlos de regreso, labor que concluía cuando “Careto” entraba al galope en la hacienda, a eso de las seis o siete de la tarde.

Tanto Sancho como yo madrugábamos para esperar a Mateo a la salida de la hacienda, allí nos montábamos en el carretón para acudir al Colegio “Rubén Darío” donde estudiábamos, y por la tarde lo esperábamos para no tener que regresar a pincel a El Socorro, lugar donde vivimos durante tres felices años.

El camino era ancho y arenoso. Estaba bordeado de hermosos árboles de pochote, roble, eucalipto, elequeme, acetuno, madroño, guácimo o tapaculo, jenízaros y tamarindos. Pero casi a medio camino se levantaba un gigantesco ceibo de aproximadamente setenta metros de alto cuyas raíces, sobresaliendo casi cinco metros desde el terreno, formaban raros huecos y repliegues donde perfectamente podían refugiarse cinco personas.

Cuando por la tarde regresábamos en el carretón, al pasar por el formidable ceibo, Mateo emitía su declamado y estentóreo grito:

“¡Nacho Pastrán, acordate de Toribio Tapudo, que juró arrancarte las botas con todo y patas!”

Nosotros pensábamos que era un “vacilón” de aquel mozo, recio, moreno -muy parecido al Diriangén de Edith Gorn-, alegre y dicharachero. Pero, con los días nos intrigó aquello y le pedimos nos explicara qué origen tenía su exclamación, fue así que conocimos la trágica historia del “careador” Toribio Tapudo que nos contó Mateo una tarde al compás del trote carretonero del brioso “Careto”.

TORIBIO GARMENDIA “EL CAREADOR”

“Pues resulta –dijo- que allá en Las Cuchillas, cerca de la hacienda El Encanto, conocí a Toribio Garmendia. Eramos vecinos, nuestras finquitas colindaban, de manera que hicimos entrañable amistad.

Cuando lo conocí tendría 55 años, era un indio grande, recio, arrecho al machete y al trabajo de la tierra. Se había rejuntado desde hacía muchos años con la Martha Cienfuegos, la que le había dado dos niñas que a la sazón tendrían cinco y siete años.

Lo particular de Toribio era su tremenda voz, si la subía del tono natural se escuchaba a distancia. Por las tardes antes de ir a dormir se sentaba en un taburete a la puerta de su rancho a cantar acompañándose de una mandolina y su voz melodiosa bajaba como la bruma por las cañadas de Las Sierras y se escuchaba a larga distancia.

Precisamente por tener semejante vozarrón, Toribio era un veterano sobreviviente de aquellas sangrientas guerras de la Revolución de Zelaya y de las muchas que siguieron después que el General fue depuesto por la Nota Knox de los gringos.

Toribio, un “conservador de nacimiento”, había nacido en Chontales y participado en numerosos combates al lado del general Emiliano Chamorro, en uno de los cuales recibió un rozón de bala en la frente, que le dejó una especie de surco colorado sobre la ceja izquierda.

Hombré, me decía, yo soy a prueba de balas y sólo me podrán matar a traición. Y tenía justa razón pues siempre desempeñó en los combates el papel de “careador”, que se endosaba al soldado raso que tenía más galillo, y cuya misión era insultar de colina a colina al enemigo, para lo cual, además de tener voz de trueno, debía saber los peores epítetos para enchilar al enemigo y dar coraje a los compañeros combatientes.

“Aquí hay güevos maricones, hijos de las once mil putas... Salgan de ese escondrijo... Vamos a hacer que nos laman los cojones... Comemierdas, cochones”, era lo que entre otros insultos gritaba Toribio a los liberales.

Como “careador”, Toribio tenía que dar muestra de valentía suicida, pues para expeler sus exabruptos tenía que subirse a algún árbol o a cualquier promontorio del lugar donde estaban atrincherados los cachurecos, de manera que ofrecía un blanco franco a los liberales, que durante todas las guerras le dispararon a granel pero nunca lograron abatirlo.

Por ese vozarrón, y no porque fuera trompudo, le endilgaron el mote de “Tapudo”. Toribio Tapudo va, Toribio Tapudo viene, así se quedó y ese fue el único estímulo que recibió aquel invicto veterano de cien batallas.

Era Toribio un hombre que verdaderamente amaba a su patria, y cuando la guerra de Zelaya contra Honduras peleó como fiera bajo las órdenes de un general liberal, dejando a un lado su amado conservatismo.

Me contaba Toribio que en la Batalla de Namasigüe los liberales habían colocado como “careador” y vigía a un humilde soldado originario de Somoto, de nombre Ramón Montoya. No se sabía desde qué lugar iban a atacar los hondureños, y a pesar de que Montoyita tenía 48 horas de estar en una incómoda posición, encaramado en un árbol, pudo divisar los movimientos de los catrachos y señalar el preciso lugar por donde atacarían.

“Allá viene el enemigo”, gritó Montoya antes de caer muerto de un balazo en pleno pecho. Las tropas nicaragüenses advertidas repelieron el ataque e infligieron una severa derrota a los hondureños. La acción del raso Ramón Montoya fue perennizada en una estatua de bronce donde aparece descalzo, con su rifle, sombrero de paja y cantimplora, señalando con el índice hacia un lugar ignoto.

Esa estatua, colocada sobre un sencillo pedestal, recibió el pomposo nombre de “Monumento al soldado desconocido”, y fue colocada en el Parque Central viendo hacia el norte y últimamente fue puesta al extremo sur de la Avenida del Ejército, donde todavía se conserva.

Yo te aseguro -me decía Toribio-, que si el “careador” hubiera sido yo, la tal estatua no existiría pues a mí las balas me respetaban, y enfatizaba en que solamente podrían asesinarlo a traición.

EL SARGENTO NACHO PASTRáN

Cuando Somoza el viejo asesinó a Sandino y le dio un golpe de Estado a su propio pariente Juan Bautista Sacasa, ya Toribio Garmendia se había retirado a vivir tranquilo en su finquita.

Y estaría allí todavía de no ser la ambición geófaga de Somoza que a través del tristemente célebre sargento Manuel Ignacio Pastrán comenzó a apoderarse de las tierras de los humildes campesinos cachurecos que vivían en Las Sierras y otras comarcas más allá del límite sur de Managua.

Una tarde de abril, Pastrán con cinco guardias nacionales, se presentó a la casita de Toribio haciéndole cargos de abigeato. Toribio proclamó a grito pelado su inocencia, pero el sargento ordenó que lo amarraran de las manos y poniéndole una soga en la garganta lo traía amarrado a la grupa de su macho, sin escuchar los lamentos y llantos de la Martha Cienfuegos y sus dos muchachitas que le pedían de rodillas que liberara a su papacito.

Con Toribio casi a rastras, Pastrán y sus secuaces vinieron por este camino y dicen que fue el propio sargento quien molesto por los reclamos del “careador” le dio un balazo en la espalda. La cosa es que al día siguiente al amanecer encontraron el cadáver de mi amigo metido entre las raíces de ese ceibo. Había sido torturado horriblemente y recibido en la nuca otro tiro de gracia. También dicen que unos campesinos escucharon a Toribio decir que sabía que Pastrán lo iba a matar, pero que él juraba que aún ya muerto le iba a arrancar con todo y botas las patas al sargento.

Por eso es que al pasar por ese ceibo siempre grito así: ¡Nacho Pastrán, acordate de Toribio Tapudo, que juró arrancarte las botas con todo y patas!”.

CÓMO CONOCIMOS AL SARGENTO PASTRáN

Cuando en 1946 Sancho y el que esto escribe nos trasladamos a vivir a Managua, nos tocó conocer al famoso sargento de la guardia nacional Manuel Ignacio Pastrán.

Fue una tarde que nos fuimos a cazar garrobos con tiradora allá por el Camino de Bolas, eran casi las tres de la tarde cuando vimos venir una rara caravana que bajaba de Las Cuchillas.

Adelante, montado en un macho ceniciento venía un militar que lucía un sombrero de marine y botas de media caña. Era de mediana estatura, más bajo que alto, cara aceitunada de rasgos severos, tendría tal vez unos 55 años.

Detrás del macho caminaba un hombre de aspecto campesino, sin camisa y descalzo, le habían atado con mecates de cabuya ambas muñecas y desde la albarda del militar era halado con una soga que a manera de horca le aprisionaba la garganta.

Cinco guardias armados con carabinas caminaban custodiando al preso, dos en los flancos y uno a la retaguardia. Aquel grotesco grupo “humano” caminaba sin prisa y por el polvo que se apreciaba en sus uniformes y en la vestimenta del prisionero se podía asegurar que habían realizado una pesada jornada.

Aquel jinete era el sargento Manuel Ignacio Pastrán, militar de cañada al servicio de Somoza y el perseguidor más implacable que tuvieron en esa época los abigeos, contrabandistas, destiladores clandestinos y malhechores de la zona del Pacífico.

Sus procedimientos eran expeditos, él era la ley en la región con licencia para torturar y matar. Pastrán, según dicen, fue el que a base de violentos desalojos de fincas dejó en la miseria a muchos campesinos conservadores e hizo descomunal terrateniente al dictador Somoza, que de inmediato se apropiaba de las propiedades que quedaban “improductivas y en el abandono”.

Para usurpar fincas el sargento acudía al fácil expediente de acusar de abigeos o cualquier otro cargo a los campesinos, y llevarlos amarrados al Hormiguero. Muchos de estos desgraciados desaparecían sin que se investigara mucho de sus paraderos.

Vivía el sargento Pastrán en las cercanías del Cine Victoria y a media cuadra de la casa del presbítero Pedro K. Siero, donde lo vimos en distintas ocasiones.

No recuerdo en qué año murió, pero sí sé que la amenaza que le lanzó Toribio Tapudo de alguna manera se cumplió.

Al hacerse más viejo Manuel Ignacio Pastrán fue abatido por la diabetes, se le pudrió una canilla que tuvieron que cortársela y después, por el mismo motivo le cercenaron la otra.

Todavía está en mi memoria el vozarrón del lechero Mateo:

“¡Nacho Pastrán, acordate de Toribio Tapudo, que juró arrancarte las botas con todo y patas!”

PAPEL DE CAREADOR

Los insultos del “careador” tenían como objetivo hacer perder la concentración a los soldados enemigos.

Posiblemente el famoso Ramón Montoya o “Montoyita” fue el “careador” de la batalla de Namasigüe.

Cosas de los nicaragüenses, a Montoya se le hizo un monumento, pero a Toribio Garmendia no le hicieron nada.

La Novia de Tola (Nicaragua)

A sólo 13 kilómetros al norte de Rivas se encuentra un pequeño pueblo que debe su fama a un hecho histórico, que en su momento fue el mayor escándalo social de la época, a tal punto que de él se han creado versiones que rayan en lo mítico y lo folklórico, pero que en el poblado todavía quedan personas que dan fe de que aquí nació la verdadera historia de la Novia de Tola.

Existen varias versiones sobre la historia de la novia de Tola, pero todas coinciden en que el propio día del matrimonio de una joven llamada Hilaria con su prometido Salvador Cruz, éste la dejó plantada esperando frente a la iglesia porque otra señora con la que tenía amoríos y que vivía en las afueras del caserío se le adelantó y le frustró la boda.

Según una de las versiones, Hilaria estaba feliz con los preparativos de su boda que para ella sería con el amor de su vida. El oficio religioso estaba previsto a realizarse en Belén, ya que para entonces en su natal Tola no había parroquia católica.

Sucedió que en la víspera del casamiento los novios habían acordado encontrarse en la iglesia de Belén, pero Salvador decidió antes de casarse, pasar despidiéndose de la Juanita, que era otra joven con la que tenía relaciones amorosas a escondidas, pero al llegar donde ésta, que ya estaba enterada que Salvador se iba a casar con Hilaria, lo tomó fuerte y le dijo:
“vos no te vas a casar con otra, conmigo te vas a casar”
y lo llevó directo donde el padrecito para que los casara, dejando plantada a la novia oficial, frente a la iglesia.

Otra versión que cuentan en Tola es que cuando Salvador Cruz llegó a despedirse de su Juanita, en la misma mañana de su boda, ésta le dio de beber bastante chicha de maíz hasta dejarlo bien “picado” para evitar que llegara al casamiento con Hilaria, que vestida con el tradicional traje blanco de novia, esperó y esperó en el atrio de la iglesia, hasta que se convenció que su novio nunca llegaría.

LA TRAGEDIA DE LA NOVIA DE TOLA.

Ocurre por 1870 la pareja de enamorados Salvador Cruz, un jovenazo simpatico, rico, parrandero y mujeriego le propone matrimonio a Hilaria Ruiz una jovencita muy bonita, dulce e inocente.

Al parecer ellos estaban locamente enamorados, o por lo menos eso aparentaban.

De Salvador, sin embargo se sabe, que parecia ya cansado de tanto mujerear y en sus casi treinta primaveras conquista a Hilaria, muy ingenua.. quien estaba advertida por todos sus amigos y familiares de no casarse con semejante bandido.

Todo el pueblo murmuraba de que este era el mismo hombre que visitaba la Juana Gazo, una vecina de por el lado del Rio de Tola.

Un pariente de Hilaria en Belén, en donde estaba ubicada la parroquia mas cercana, ofrece su casona para la fiesta de la boda..

y ese dia muy de madrugada se prendieron todos los candiles de la casa y el olor a cafecito madrugador reunia la parentela a cargo de realizar los preparativos, ...

El silencio de la noche se interrumpio y se escuchaban las primeros crujidos de leña prendida en aquel fogon de piedra, ..nacatamales y chicha aguardaban a los invitados a la gran boda.

Rosa, prima de Hilaria llamaba a los chavalos para que la ayudaran en la correteada de las gallinas, chompipes y chanchos....

Como un espanto en las tienieblas de aquella madrugada se escuchaban los alaridos de aquella chancha bien gorda en terror ante su eventual sacrificio.

Mas tarde llegaron los chicheros con sus guitarrones y sus grandes panas de aluminio que usaban para hacer el pom pom del bajo...todo estaba preparado.

Y en todo el pueblo la bulla y alegria del acontecimiento que ya era la novedad ..

La mamita Juana compartia con la parentela historias de antiguos casamientos...las historias felices de las bodas famosas de aquella parroquia en Belen..

Mientras Rosa correteaba a sus seis chavalos ..entre sus otros primos y parientes..estos corrian de arriba para abajo, en la casona. Los detalles habidos y por haber, de la boda estaban todos listos..

Salvador Cruz, por el otro lado habia pasado la noche en Tola, y como a las once del dia se dirige hacia Belén...pero en el camino se da un resvalon por el estanco del Rio de Tola ..en donde vivia su famosa Juana Gazo.

Juana sabia que todo estaba terminado con su amante y pretendiendo aceptar la realidad del matrimonio ofrece que para despedirse brinden por el futuro de la pareja.

Salvador parrandero no muy corto y perezoso le entra al guaron y se emborracha en los brazos de Juana una vez mas.

Mientras en Belen ..en el altar de la iglesia Hilaria lloraba profundamente en desconsuelo...

La familia, sus invitados y el pueblo presenciaba con tremenda tristeza esta tragedia al final. Desde entonces nació la leyenda de la Novia de Tola, que sacó del anonimato a este municipio y dio a nuestro lenguaje un dicho que ahora se utiliza mucho cuando alguien se queda esperando a otra persona y ésta no da señales de vida, por lo que bien le cae aquello de “Te dejaron esperando como la Novia de Tola.”

Los siete negritos (Nicaragua)

Tomado de "Los siete negritos", en Enrique Peña Hernández: Folklore de Nicaragua. Editorial Unión, Masaya, 1968.

Era notorio en el pueblo que Filemón Suárez había sufrido un completo fracaso económico. En tos últimos dos años, como aparente víctima de una maldición, había venido dando traspiés en sus negocios y empresas; pues sus frecuentes fallas no parecían obedecer a contingencias de ordinaria ocurrencia, sino que los golpes desafortunados habían caído sobre él sucesiva e implacablemente, sin alternativas de pasajeras bonanzas, hasta liquidarlo totalmente...

i Pobre Filemón! Todo lo había perdido: sus dos fincas de agricultura, su ganado, su hermosa casona en el pueblo, su bien surtida tienda de abarrotes... Todo. Los acreedores, que no eran pocos, no habían tenido piedad de él; así como tampoco la había tenido Filemón con los deudores suyos, en sus tiempos de prosperidad. A la verdad que la gente no se condolía de la quiebra; más bien se alegraban; la consideraban como merecido castigo de la ambición y avaricia, de la malevolencia de aquel hombre.

Ahora Filemón era un cualquiera, pero sabía trabajar -de eso no cabía duda- y estaba más o menos joven, pues frisaba en los cuarenta años; así que con inquebrantable resolución y firmeza decidió irse a buscar trabajo de jornalero a las haciendas del Cerro.
Todo el mundo lo miró irse, con alforjas al hombro, de caites,, y con aire resuelto.

Las comadres comentaron:

-¡Así terminan los malvados...!
-iY peor que lo hemos de ver...!
-¡Nadie se va de esta vida sin pagar sus pecados...!
No había transcurrido una semana de la partida de Filemón, cuando éste regresó; y por cierto, de muy distinto talante de como se había ido. El pueblo todo se quedó pasmado de asombro, estupefacto, no querían dar crédito a sus ojos; creían estar alucinados; pero no...: allí estaba Filemón Suárez; ¡y había que verlo cómo regresaba...!

Efectivamente, había que verlo... Caballero en un magnifico caballo tordillo, bien enjaezado, con un mantillón azul marino y riendas de cuero de excelente calidad, calzando espuelas plateadas, el que se suponía quebrado y fracasado se paseaba desafiante por las cuatro calles del pequeño poblado, en todas direcciones, como un flamante cirquero, en plan de exhibición.

-¿Se habrá sacado la lotería el gran bandido...?
-¿A quién habrá desvalijado...?
-¿Se habrá hallado alguna botija...?
-¿Le habrán dejado una buena herencia...?

Estas y,otras preguntas parecidas se hacían las gentes; pues no atinaban a encontrar la razón del repentino cambio de fortuna de su odiado coterráneo.
Pero volvió la calma a reinar en el ambiente; y el enigmático Filemón volvió a recuperar sus propiedades rústicas, su vieja casa, su ganado; compró dos haciendas más, montó una gran tienda de abarrotes mejor que la primera e instaló una curtiembre.

El dinero le entraba a manos llenas... La suerte había cambiado radicalmente para él; ahora le era enteramente favorable. Todo le salía bien. Si sembraba, obtenía opimas cosechas: si apostaba a los gallos o jugaba a los dados, ganaba Inexorabl} ;,gel te; si comerciaba, ganaba y ganaba... ¡Oh... . cómo se reía de su excelente fortuna...! Indiscutiblemente que él era segura carta de triunfo en todas las empresas

Ante el poderío adquirido por Filemón, la gwn t~ no tuvo más que resignarse y no volver a murmurar; porque -como decían los viejos-, ese hombre había nacido parado...; y, además, él tenía y daba trabajo a todo el mundo. ¿Pero, de dónde habría sacado tanta plata, si había quedado arruinado? ¿La habría tenido enterrada?
Serían ya como las siete de la noche, cuando Filemón regresaba de su hacienda de ganado sita en los faldas occidentales dei cerro. El aire estaba fresco y la noche comenzaba a cubrir la tierra. Era por el veranillo de San Juan. La bestia que trotaba sosegada y acompasadamente, de pronto empezó a inquietarse. El amo, extrañado de la alteración nerviosa del animal, le habló con suavidad, lo palmoteó en el pescuezo y le acarició las crines; pero el caballo, lejos de calmarse, continuaba en su excitación. Y cuando Filemón menos lo esperaba, dio el animal un formidable relincho y se paró violentamente asegurándose sobre las patas traseras; que sí no hubiese sido por la destreza del montado, habría dado con su humanidad en el suelo. No queriendo exponerse más, se apeó de la bestia; y no bien lo había hecho, cuando ésta dio media vuelta, y salió a todo galope por el camino que traían.

Ya solo Filemón en el camino, tuvo miedo. Una idea punzante le taladraba las sienes. ¿Será posible? -se decía-. No, no puede ser --se contestaba en voz baja. Pero el miedo, como viento helado, le corría por la espalda y le estaba corroyendo el corazón. Y sin darse cuenta, abrió los brazos en actitud implorante, y gritó a pleno pulmón: ¡No puede ser...!
¡no puede ser...
-Sí, puede ser v tiene que ser -le contestó una voz desagradable y fuerte que salió de las sombras. Y acto seguido. el dueño de la voz se ¡e plantó enfrente.
Cuando Filemón lo reconoció, se le tiró al suelo como haría el siervo más desgraciado; y se puso a besarle !os pies.
-De nada te sirven todas esas humillaciones -le espetó agriamente el otro. Y con timbre mandón, le ordenó:
--Levántate. Por estar disfrutando de la felicidad que te ha proporcionado el dinero, te has olvidado del transcurso del tiempo... y del pacto que suscribiste con tu propia sangre. Levántate, infeliz.
Obedeció Filemón como verdadero autómata. Había sufrido en un instante una notable transformación: estaba convertido en un anciano tembloroso y encorvado. ¡Pobre Filemón! Ahora sí que era digno de compasión. Había caído en las redes del mismísimo Diablo y no habla manera de cómo escaparse.
¡Qué de angustias y penas lo atormentaban! ¡Cómo estaba de arrepentido: pero de nada le servía...!
Ahora lo recordaba todo: como en una cinta cinematográfica pasaban por su mente los recuerdos de los abominables sucesos de aquella tarde calurosa de julio, hacía siete años.
Sí, todo se le presentaba con meridiana claridad.

Cuando salió dei pueblo en busca de trabajo, lo había alcanzado un hombre con apariencia de jornalero, descalzo, con su machetillo debajo del brazo y con el rostro medio tapado por un sombrero alado. Bien lo recordaba.
El individuo en cuestión le había metido plática, sobre la carestía de la vida, la pobreza, las calamidades, etc.; y él, Filemón, entrando en confianza, le había contado su reciente fracaso y el rudo golpe sufrido...
-¿Y ahora qué piensas hacer? -le había preguntado elhombre.
-Pues buscar trabajo, para pasar la vida; pero quién sabe si me podré acomodar acostumbrado como estaba a tener mucho dinero...
C No bien había acabado Filemón de pronunciar la palabra
iz dinero, cuando el compañero dio un gran salto y fue a caer sentado en una piedra grande que estaba a la vera del camino.
e Se quitó el sombrero aludo y ensayando su mejor sonrisa,
v llamó a Filemón, y éste, insensiblemente, se fue acercando y acercando, hasta quedar bien cerca de aquél...
C -Acércate, no temas -le dijo a Filemón.
-¿No es dinero lo que quieres? -agregó interrogante.
-Lo tendrás -continuó, con la voz más melosa del mundo-. ¡Qué..., nada contestas! -prosiguió malhumora
g1 do-. ¡Oh no, bien veo que eres un cobarde, un hombre
y pusilánime: por eso fracasaste y fracasarás siempre. ¡Basta, contigo nada se puede...!
Y acto seguido hizo ademán de levantarse e irse. Entonces Filemón, al ver que su amigo se le iba; lo detuvo te, diciéndole:
-¡No, espere...! Perdone. Explíqueme, no le comprendo.
-¡Ah, eso es otra cosa! Ya le explicaré.
Y acomodándose bien en la piedra que le servía de
asiento, el desconocido habló así:
«Yo soy un ser poderoso, poderosísimo. Yo soy el amo del mundo y sus riquezas. Yo doy las riquezas y el poder a quienes lo desean y están dispuestos a aceptar mis condiciones, que no son muchas».
«Si tú quieres hacerte rico, tener poder y que todos te teman y respeten, consíguete siete gatos negros y una lata grande, y te vas mañana a la cumbre del cerro, en donde te esperaré a las tres de la tarde. Llevas también un cántaro de agua, un manojo de leña bien seca y fósforos».
Y diciendo las últimas palabras, desapareció.Filemón se quedó atónito. Pero desgraciado como andaba y sin qué comer, tomó la inquebrantable resolución de acatar el consejo del misterioso desconocido. Y así, se dio a la tarea de conseguir los gatos y demás «materiales». Empeñó o malvendió sus alforjas, su poca ropa que le quedaba y aun los caites; y a la hora convenida ya había subido a la cumbre del cerro, por tercera y última vez (pues tuvo que hacer tres viajes de acarreo); y se dispuso a esperar a su arnígo.
No tardó en aparecer. Y tomando éste la palabra, con voz grave y pausada le ordenó:
-Prepara una fogata, echa el agua en la lata y espera que hierva. Cuando esté en ebullición, echa los siete gatos en el agua y tapas la lata con esta tabla.

Y le dio una tabla burda.

Filemón obedeció al pie de la letra, Cuando el agua comenzó a hervir metió los gatos y tapó el recipiente.
No había acabado de hacerlo, cuando los gatos se pusieron a dar aullidos terribles, horrosos, despavoridos, escalofriantes..., que atronaban el espacio, como si fueran mil tormentas juntas...

Luego se empezaron a oir chirridos de cadenas y grillos, grandes ayes y lamentos sin cuento como de personas torturadas...

La atmósfera se puso densa, saturada de humo azufrado y mal oliente, y por momentos se perdió la visibilidad de los objetos.

Filemón estaba aterrado, desesperado. Y pensó en huir y abandonarlo todo. Y ya iba a poner en ejecución su pensamiento, cuando una altisonante carcajada lo detuvo, y lo dejó como petrificado. Cesaron los aullidos, chirridos y lamentos, se disipó la humareda y todo volvió a la normalidad, como antes había estado. Se volvió del lado de donde provenía la carcajada, y violo que nunca sus ojos habían visto ni habrían querido ver:¡El Diablo! ¡El Diablo en su espeluznante figura! Allí estaba: con sus ojos llameantes y pavorosos, su cuerpo peludo, sus cuernos, su cola, sus uñas, su aliento azufrado y humeante...

Filemón creía estar soñando, ser presa de alguna pesadilla,.. ¡Horror, horror...! Allí estaba El Malo, tal cual era, como le habían contado que era...

-Bueno -le dijo el Diablo-. ¡Manos a la obra! Destapa esa lata y saca lo que hay dentro.
Hizo Filemón lo que le mandaron; y sacó siete hombrecitos negros, bien formados pero chiquitos, como de dos pulgadas de estatura.

-¡Échalos en tu cajita de fósforos; y llévalos siempre contigo. Que ellos te darán todo lo que quieras... pero durante siete años solamente, a contar de hoy. Son los Siete Negritos parte de mí, algo así como hijos míos...
Filemón acató las instrucciones, y se guardó la cajita con su preciosa adquisición.
-Ahora -agregó el Diablo- vas a firmar el contrato.

Y desenrollando un documento que llevaba preparado, le pinchó una vena del brazo derecho al pobre hombre, humedeció en la sangre de éste una pluma de zopilote y lo hizo firmar. Todo aquello se realizó en un abrir y cerrar de ojos.

-Bueno, ya está -prosiguió el Diablo-. Toma esta bolsa con dinero para que comiences a trabajar; que todo lo demás te llegará por añadidura.
Y desapareció.

Ahora Filemón recordaba todo aquello. Efectivamente, no se había dado cuenta del transcurso del tiempo. Ya iban a vencer los siete años.
-Te faltan sólo siete días -le dijo el Diablo-. Te lo vengo a recordar para que estés preparado. Eres mío encuerpo y alma. Yo te he cumplido mi palabra, todo has tenido; ahora a ti te toca cumplirme. No trates de evadirte; que donde quiera que estés, allí te encontraré y de allí te llevaré para mis dominios.
Y desapareció.

Filemón se fue a sentar bajo un árbol, y recostó la cabeza en el tronco, bien cansado y sudoroso, como que había realizado una pesada labor; y se quedó dormido.

Cuando despertó, se halló acostado en una tijera en su hacienda de ganado. Estaba prendido en calentura. Trinidad, su hermano de leche, hijo de la Nacha, su nodriza, cuando vio llegar el caballo de regreso a la finca, se alarmó en extremo: se imaginó que a Filemón lo habían asaltado y matado en el camino, y se fue a buscarlo en compañía de unos mozos. Lo reconocieron por el traje y el sombrero; alquilaron una carreta en una huerta vecina, y se lo llevaron a la hacienda.
-Dame agua, Trinidad, que me estoy quemando -fue lo primero que habló.
Le pasó el agua; y aquél se la bebió con avidez.
-Cierra esa puerta bien -le dijo a su hermano de leche-. Afiánzala con el aldabón y la tranca.
Trinidad hizo como se le mandaba.
-Ahora, acércate -prosiguió el enfermo-; aquí, aquí... Siéntate en la tijera. Quiero revelarte mi gran secreto, que sólo tú lo oigas.

Se acercó Trinidad, y con gran perplejidad y estupefacción oyó el relate fiel que le hizo el calenturiento, de su pacto con el Diablo. Cuando hubo terminado, Trinidad se apeó de la tijera y se hincó al pie, exclamando:
-¡Oh, no; no puede ser, no puede ser, Filemón!
-Así decía yo ayer, pero la realidad es otra... Estoy condenado. Condenado, hermano; condenado por mi ambicion, por mi insaciable sed de dinero... Yo hubiera trabajadocomo el más humilde mozo, y .me hubiera ganado la vida honradamente... Pero ahora, ya no tengo salvación; ya no tengo...

Y prorrumpió en amargos sollozos. Trinidad lo acompañaba en su dolor, llorando inconsolablemente.
-Bien -dijo Filemón, reponiéndose-. iValor! Llama a un notario ahora mismo. Voy a testar distribuyendo todos mis bienes entre los pobres. Tú serás el albacea. A tí no te dejaré ninguno de esos bienes, porque conoces el secreto. Toma mi anillo, que es lo único legítimo y bueno que poseo, recuerdo de mi santa madre.
Trinidad tomó el anillo, y fue a traer al cartulario.

Una hora después, todo había quedado arreglado.

-Despide a los mozos, Trinidad; dales permiso y sueldo adelantado. No des en qué sospechar nada. Déjame solo, enteramente solo. Atranca bien las puertas y ventanas; ponles candado por fuera y vete. Vete; y no regreses hasta el cabo de seis días justos,
Trinidad se fue.

Filemón quedó como quería quedar, en la más absoluta soledad.
En una pequeña alacena había aprovisionado sus escasos alimentos: tortillas frías, queso, pinol y agua,
A medida que se acercaba el día señalado en el maldito pacto, la serenidad y presencia de ánimo lo abandonaban. Ya no comía; a duras penas calmaba su sed. Los ojos los tenía desorbitados, el pelo se le había vuelto casi blanco, y era presa de grandes crisis nerviosas, semejantes al delirium tremens. Reía, gritaba, pataleaba, bailaba, cantaba, lloraba; pasando de un estado a otro, con gran rapidez.
Estaba Loco, loco de remate,
Como a las once de la noche del día indicado, un caballero de negro, montado en un caballo negro de buena estampa, llegó a la casa de la hacienda.

Dio tres golpes fuertes en la puerta principal.

Cuando Filemó , los oyó, comenzó a reírse a grandes carcajadas; y entrando en lucidez, se acordó de un revólver que tenía en su cofre. Y sacándolo se puso a disparar hacia el lugar de donde provenían los golpes, que se habían reanudado con mayor fuerza. De pronto la puerta se desprendió, entró el de negro; y abalanzándose sobre Filemón, lo apretó violentamente en el cuello, hasta estrangularlo. Luego lo tomó de los cabellos y lo arrastró hasta el patio; lo ató de los mismos cabellos a la cola de la bestia, y se lo llevó.
El velorio y el entierro estuvieron muy concurridos. La gente decía que a Filemón se le había ablandado el corazón y había renunciado a sus bienes en favor de los pobres.

—¡Pero cuánto pesaba! -dijo uno.
--Sí, a mi me dejó chollado el lomo -comentó otro.
-Y yo he quedado con dolor en la nuca -agregó un tercero-. Pero no nos fue mal, porque el albacea fue muy generoso.
Trinidad oía y lloraba en silencio, conociendo como conocía el otro gran secreto: que en el ataúd solamente iban piedras.
(Recogido en la Isla de Ometepe)

Leyenda de la Virgen de la Concepción (Nicaragua)

Vamos a referir el origen que se atribuye a la imagen de la Virgen de Concepción que año con año despierta tanta devoción entre los granadinos.

Es un relato que se ha venido transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días, sin que haya nada contrario que se oponga a esa piadosa tradición, conservada - como decimos- de padres a hijos.

Cuentan las crónicas de esta vieja Sultana del Gran Lago que allá, en un día no se sabe que año, tras unas lavanderas que estaban en la costa de nuestro lago, vieron venir una caja que flotaba entre las aguas, sin hundirse como si estuviese vacia.

El hecho debe de hebr ocurrido por los años de 1712. La fecha podía fijarse entre los siglos XVII y principios del siglo XVIII. Lo cierto es que mientras las mujeres estaban lavando, de pronto, apareció junto a ellas una caja de madera la que, al quererla traer hacia la orilla, se alejaba lago adentro.

Intrigadas aquellas lavanderas fueron a contarle a los frailes del Convento de San Francisco lo que habían visto con sus propios ojos, para que con sus exorcismos conjurara aquello al parecer diabólico.

Provistos los frailes de hisopos, y llevando el cordón de nuestro Padre San Francisco bien sujeto a la cintura, salieron los padres del Convento seguidos por aquellas sencillas lavanderas que los condujeron al lugar de la playa donde habían visto flotar la caja, la que se dejó sujetar por los frailes con los cordones que amarrados a sus cinturas llevaban, y con suma facilidad, dócilmente, fué arrastrada a la orilla.

llevando a tierra el misterioso objeto y abierto por los intrigados frailes, ayudados por algunos varones que se habían agregado al grupo, éstos contemplarón, asombrados, que el cajón contenía una imagen de la Virgen, primorosamente tallada en madera, teniendo en sus brazos al Niño Jesús y con la luna por escabel a sus pies.

Nunca se ha podido saber el motivo de la presencia de esta imagen en las costas de Granada, aunque es posible colegir que fuera el resto de un naufragio y que las corrientes con vientos del Este arrastraron por el Río San Juan o el Desaguadero, hasta Granada.

Los franciscanos dieron cuenta del hallazgo al Cura de la ciudad y los capitulares, o quizá al señor Obispo que residia de ordinario ás tiempo en Granada que en su Sede por razón de haber aquí más número de familias españolas y por la facilidad de la comunicación marítima. estos decidieron que la imagen fuera venerada en la iglesia parroquial y que, como traía la media luna, debía ser llamada la Concepción de María. (Todavía no estaba definida como dogma de fe el misterio de su pura Concepción; pero los pueblos cristianos, por instinto, lo tenían como norma de fe).

El Castilo de la Concepción se llamaba la Fortaleza sobre el Río San Juan que libró Granada, más de una vez, de ser destruida y saqueada por los piratas ingleses. Esa devoción tan extendida en España y sus colonias, debe haber influido para invocar a la imagen encontrada con el título de Nuestra Señora de Concepción.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

Desde muy antiguo se celebra en. Palestina una fiesta para conmemorar la CONCEPCIÓN DE MARÍA, pero no se afirmaba que hubiese sido concebida sin pecado original. Hasta que el PAPA Pío IX, el 8 de Diciembre de 1854 declara como dogma de Fe. La iglesia conmemora a la Santísima Virgen Bajo su advocación de María.

De la Virgen María, una señal grandiosa apareció en el cielo, una mujer con el sol por vestido, la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas. Dogma promulgado por el PAPA XII, el 1° de Noviembre de 1950. "La siempre Virgen María fue asuQta o en cuerpo y alma a la gloria del cielo al terminar su vida mortal".

La virgen es una tradición del pueblo nicaragüense y mayos mente radicado en la ciudad de León, dándose el primer grito de la gritería en el barrio de San Felipe.

GRITERÍA DE PENITENCIA

El 14 de Agosto se celebra la griteria en víspera de la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María. La estableció el Obispo de León Dr. Isidro Augusto Oviedo en ocasión de la quinta erupción del Cerro Negro, desatada el 14 de Julio de 1947. El Cerro Negro en esta ocasión recobraba día a día más fuerza, la arena era persistente, el volcán lanzaba lava, piedras incandescentes, fuego y rugidos atemorizantes, la gente huía del lugar, se cubría con paraguas, anteojos, turbantes, etc. Se pensó que la misma Catedral iba a sufrir en ella una catástrofe si no le botaban la arena que ya acumulaba en el techo. Se organizaron procesiones de rogativas con la imagen de la Virgen implorando la intersección delante de su bendito hijo. Es desde entonces que se celebra la Gritería Chiquita.

El Punche de oro (Nicaragua)

El oro, metal precioso, eternamente brillante y resplandeciente, imperecedero frente la acción corrosiva del tiempo, guarda en el recuerdo colectivo un valor simbólico con resabios sagrados. El oro no solamente simboliza la luz que enciende con su poderoso fulgor la ardiente llama de la ambición.

En el pensamiento del ' pueblo, el oro también brota mágicamente de la oscuridad del pasado como el eterno símbolo sagrado con el cual se celebra la divinidad en toda su perfección-, materializándose en el vigor ancestral del espíritu comunal. Con este valor sublime se proyecta una aparición nocturna que deambula como el alma en pena en las oscuras noches, desde que emerge intempestivamente en el medio del furibundo oleaje del océano pacífico, envuelta en una aureola cegadora, como luces de bengala que viene iluminando su recorrido desde las playas de Poneloya hasta la Iglesia de Sutiava donde se detiene para hacerle una reverencia al sol suspendido en la bodega del vetusto templo. Sobre este alucinante y misterioso personaje nocturno, nos habla una guardiana de las ruinas de Veracruz: "Aquí en Sutiava hay un inmenso tesoro enterrado y el espíritu de este tesoro sale por las noches. Es un inmenso Punche de Oro".

Las personas que lo han visto dicen que es un punche gigante que brilla como el oro, éste cuida el tesoro de la comunidad indígena, sale por las noches, después de la muerte del último cacique, ADIAC. Don Juan un auténtico Sutiava nos contó, que ese punche es una maravilla ya que brilla como oro y sus ojos son como diamantes de fuego. Este punche sale dos veces en el año, a mitad de la Semana Santa o antesito y en la mitad del invierno. Todo el mundo sabe que el día que agarren el punche de oro van a desencantar al cacique ADIAC que fue ahorcado en el Tamarindón de Sutiava. Este punche es el espíritu precioso de los Sutiava que los ha guiado siempre en sus desesperadas luchas por no sucumbir bajo la pesada cruz que les impusieron los colonizadores.

Primer hombre y mujer de Tisey (Nicaragua)

"Los ancianos indígenas campesinos de las montañas del Tisey y de Apaguají me relataron cómo habían formado al Primer hombre y a su mujer, según les contaban sus abuelos. Dijeron ellos que, hacía muchísimos años, mucho antes que hubiera gente sobre la tierra, vivía en lo más espeso del monte un viejito solitario que se preparaba él mismo la comida. Que un día no teniendo nada que hacer y sintiéndose muy aburrido, tomó una masa dura de maíz que le había sobrado después de haber hecho sus tortillas, y la reblandeció con sopa de frijoles y miel de jicote que tenía guardada en una jícara.

Con esta masa reblandecida y ya suave hizo dos pequeños muñecos como del tamaño de una cuarta. Y que como se doblaban al ponerlos de pie, dispuso reforzarlos a cada uno con palitos y ramitas, con piedritas y conchitas finas pepenadas de la quebrada que pasaba cerca de su choza de palma. Que también les había metido dentro de las cajitas del cuerpo, una bolita de hule, dos pelotitas de algodón, lodo con chile, aguacate y clara de huevo de jolote, un pedacito de tiesto de comal, bejuquitos, gusanitos de tierra, dos frijoles rojos que estaban tirados en el suelo, popitas, tomates de monte, semillas de ayote, también de achiote y otras menudencias. Que como cabellos había usado pelo seco de maíz que tenía guardado en el cuiscoma. Y que estando así, ya bien rellenados, el viejito quiso forrarlos con unas hojas de tabaco que tenía para sus puros usando como hilo el mismo pelo de maíz.

Que como las hojas de tabaco estaban secas y se quebraban a cada rato las había humedecido luego con agua medio salada. Así arreglados, dispuso cocerlos. Y que habiendo terminado por el mancuerno, al primer muñeco le había dejado una hilacha larga guindada, pues creía que iba a sobrarle hilo. Pero que al segundo muñequito lo había dejado abierto, porque precisamente cuando zurcía el gancho de las piernas se le había acabado el hilo. Y éste es el motivo por el cual los hombres tenían el gran colgajo por delante y las mujeres su tamaña gran rajadura.

La leyenda de La Mocuana (Nicaragua)

Si León tiene sus leyendas de la “Carreta Nagua”, el “Caballo de Arrechavala” y el “Padre sin Cabeza”, y Masaya sus espantos de ahuizotes, La Trinidad no se queda atrás, y es dueña de una de las más fantásticas historias de la Nicaragua colonial y de uno de los personajes mitológicos más conocidos en ese período: La Mocuana.

En el folleto “Leyendas Nicaragüenses”, Josefa María Montenegro escribe una versión de este cuento:

“Aproximadamente en el año 1530, los españoles realizaron una expedición bien armada en territorio nicaragüense, para ampliar sus dominios e incrementar sus riquezas. En esta incursión los españoles lograron reducir a los indios de Sébaco, habitantes de la Laguna de Moyúa. El jefe de la tribu india, una vez vencido, obsequió a los conquistadores bolsas elaboradas con cuero de venado, llenas de pepitas de oro.

La noticia en España de que los conquistadores habían regresado con grandes riquezas llamó la atención de un joven, quien esperaba vestir los hábitos y cuyo padre había muerto en esta incursión. Decidido, el joven se incorporó a una nueva expedición, y después de un largo y penoso recorrido llegó a suelo nicaragüense, donde fue muy bien recibido por los pobladores, creyendo que era un sacerdote.

Ya en Sébaco, el joven conoció a la hermosa hija del cacique y la enamoró con intenciones de apoderarse de las riquezas de su padre. La joven india se enamoró perdidamente del español, y en prueba de su amor le dio a conocer el lugar donde su padre guardaba sus riquezas. Hay quienes afirman que el español también llegó a enamorarse verdaderamente de la joven india.

El cacique, al conocer los amoríos entre su hija y el extranjero, se opuso a la relación, y éstos se vieron obligados a huir, pero el cacique los encontró y se enfrentó al español, logrando darle muerte. Luego encerró a su hija, a pesar de estar embarazada, en una cueva en los cerros. Pero hay versiones que aseguran que fue el español el que encerró a la india después de apoderarse de los tesoros.

Cuenta la leyenda que La Mocuana enloqueció con el tiempo en su encierro, del que logró salirse después por un túnel, pero al hacerlo tiró a su pequeño hijo en un abismo, y desde entonces aparece por los caminos invitando a los caminantes a su cueva. Dicen los que la han encontrado que no se le ve la cara, sólo su esbelta figura y su hermosa y larga cabellera negra.

En algunos lugares cuentan que cuando La Mocuana encuentra a un niño recién nacido, lo degüella y le deja un puñado de oro a los padres de la criatura. Hay otras versiones que aseguran que se lo lleva, dejando siempre las piezas de oro”.

La Llorona (Nicaragua)

La Llorona es una figura popular de esas tenebrosas historias que aterran el sueño de las comunidades campesinas. Sus lamentos aparecen en medio del coro nocturno de voces de animales y del ritmo monótono de aguas de quebradas y ríos. Ese concierto lúgubre es el mismo que ha interrumpido el sueño de generaciones enteras en los pueblos diseminados en los misteriosos espacios vírgenes de nuestra América.

En Nicaragua se oyen los lamentos de la Llorona transportados vertiginosamente por los caprichosos vientos que provienen de las cuatro esquinas del mundo. Hasta donde cuenta la gente, la Llorona se manifiesta a través de un quejido largo y lastimero, seguido del llanto desgarrador de una mujer cuyo rostro nadie ha visto.
En el barrio de El Calvario de León, se sabía que cerca del río, allá detrás del Zanjón, pasaba el florido de la Llorona. Las lavanderas del río contaban que apenas sentían caer el sereno de la noche debían recoger la ropa aún húmeda y en un solo montón se la llevaban, de lo contrario la Llorona se la echaba al río. Según el comentario de las lavanderas la Llorona es el espíritu en pena de una mujer que había botado a su chavalito en el río.

Sobre la Llorona se oyen muchas versiones pero algunas exolican aue ese llanto misterioso es la expresión del orofunpozo, mientras lavaba la ropa en el río. Pero ¿quién era esa mujer? ¿Quién podrá decirnos más sobre la vida de esta misteriosa alma en pena?
Siempre en búsqueda de conocer más y más sobre éste y otros personajes de la tradición oral de nuestro pueblo, nos embarcamos rumbo a la isla de Ometepe. (...)
...Doña Jesusita, se llamaba la anciana solitaria que viendo nuestro interés por conocer las historias del pueblo empezó a contarnos sobre el origen del llanto de la madre en pena.

«...En aquellos tiempos de antigua, había una mujer que tenía una hijita de unos 13 años, ya sazoncita estaba la mujercita. Ella ayudaba a lavar la ropita de sus nueve hermanitos menores y acarreaba el agua para la casa. La mamá no se cansaba de repetir a la hija cada vez que la veía silenciosa moler el maíz o palmear la masa cuando el chisporroteo de la leña tronaba debajo del comal de barro:
-Hija, nunca se mezcla la sangre de los esclavos con la sangre de los verdugos.
Ella le decía verdugos a los blancos porque la mujer era india. La hija, en la tarde salía a lavar al río y un día de tantos arrimó un blanco que se detuvo a beber en un pocito y le dijo adiós al pasar. Los blancos nunca le habalaban a los indios, sólo para mandarlos a trabajar. Pero la cosa es que ella se encantó del blanco y los blancos se aprovechaban siempre de las mujeres. Entonces bajo un gran palencón de ceibo que sirve para lavar ropa, allí por el río, se veían todos los días y ella se metió con él.
-Mañana, blanco, nos vemos a esta misma hora -le decía siempre.

Claro, el blanco llegaba y la indita salió pipona, pero la familia no sabía que se había entregado al blanco. Dicen que ella se iba a ver baio el auanacaste, Para que las lavanderasun barco a la isla, aquí en Moyogalpa. Ya se iba el blanco, se iba para su tierra y entonces como ella estaba por criar, ella le lloraba para que se la llevara. Pero ¡dónde se la iba a llevar! l a indita lloraba y lloraba, inconsolable, a moco tendido. Él se embarcó y a ella le dio un ataque, cayó privada. Cuando ella =..e despertó al día siguiente, estaba un niño a su lado y en lugar de querer aquel muchachito, lo agarró y con rabia le (dice:
---Mi madre me dijo que la sangre de los verdugos no debe mezclarse con la de los esclavos.
Entonces se fue al río y voló al muchachito y ¡pan! se oyó cuando cayó al agua. Al instante se oyó una voz que decía:
-¡Ay! madre... ¡ay madre!... ¡ay madre!...
La muchacha al oír esa voz se arrepintió de lo que había hecho y se metió al agua queriendo agarrar al muchachito pero entre más se metía siguiéndolo, más lo arrastraba la corriente y se lo llevaba lejos oyéndose siempre el mismo ¡~rr ento: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... ¡ay madre!...
Cuando ya no pudo más se salió del río. El río se había llevado al chavalito, pero el llanto del niño que a veces oía lejos. otras veces aparecía cerquita: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... iay madre!...
La muchacha afligida y trastornada con la voz, enloqueció. Así anduvo dando gritos, por eso le encajaron la Llorona. P ,hora las madres para contentar a los chavalitos que lloran pnr pura malacrianza, les dicen:
----Ahí viene la Llorona...
La mujer enloquecida se murió y su espíritu quedó errante por eso se le oyen los alaridos por las noches..." Por ahi se anda La Lorona, hasta la vez se le oye por todo el río."

La leyenda del “Coronel Joaquín Arrechavala" (Nicaragua)

Vino a Nicaragua enviado por el Rey de España Carlos II de Borbón.
Fué ascendido a coronel el 14 de febrero de 1791. grado que ostentó hasta 1821 cuando se proclamó la independencia de Centroamérica en Guatemala.
Murió en el año de 1823 a los 95 años de edad.

La riqueza (en Latino América es siempre condenada por la comunidad ), y cuando una persona rica muere, se queda errante en la tierra entre los vivos (según la creencia popular en aquellos tiempos), se quedan los espiritus asustando a la gente. Entonces es común entre la gente decir que el rico jamás conoce lo que es paz eternal, y todo esto dura hasta que su riqueza no se distribuya de alguna manera.

En la Ciudad de León, santiago de los Caballeros. Arrechavala es el personaje más popular, cuyo espiritu asusta por las noches en las calles de la ciudad. Doña Mireyita que vive en el Barrio Guadalupe, lo ha visto pasar delante de su casa y nos cuenta el testimonio:

" Era de noche super oscura, tan oscura que no miraba mi mano, y eso que estaba sentada en la acera delante de mi puerta a eso de las once de la noche.. (que hacia esta señora a las once de la noche ..esa es otra historia.. )

En áquella época los americanos ocupaban el país. De pronto se oyó un ruido extraño. De repente oí el tropel de un caballo que venía de Laborío (el pueblo indígena), .. En mi casa anterior había nacido el grandioso músico compositor leones José de La Cruz Mena, dicen que murió de lepra ..y pasa que en donde hoy queda el Museo Rubén Darío, todavía allí se encuentran las señas de las barras de las ventanas torcidas..ante su rabia que quería salir de la cama en que se encontraba postrado..lea Museo de la Musica en este website para mas sobre Jose de la Cruz Mena)

Entonces allí era donde yo vivía..el caso es que oí el tropel del caballo que cogio para el lado del Cuartel de la 21. El Jinete se paró y amarró el caballo. Yo decía para mi misma:

Quién será ese americano que va a pasar por aquí ? .. la sangre cristo !!!

Y Yo pidiendole a Dios que no me fuera a decir nada por estar a deshoras de la noche en la puerta de mi casa. Yo me encomendé a dios y a todos los santos, Santo Dios mio..Santo fuerte.. Santo Inmortal.. librame de todo susto y de todo mal. Dios miio yo no sabía que hacer. Así entonces cuando éste iba pasando cerca de mi casa, y en dirección mía. Dios mío yo no sabía que hacer. El volvió atrás y yo le ví el perfil de su cara ..era un hombre simpático. El siguió caminando después le oí sonar la espuela.

Que cosa éra eso ? dije yo. Siguió caminando hasta que llegó a la esquina de los Montenegro y entonces se bajó ahí y se paró en medio de la calle haciendo maniobras militares. Ya cogió él para lo que ahora es la casa de los Madrices y le dió tres golpes a la puerta. yo me dije ahí vive ese americano, pero le mire la capa era antes de color café cuando paso delante de mi casa se miraba azul turqui, después se paró en la propia esquina de los Madrices y volvió a hacer las mismas maniobras y cogió para el trasero del Colegio San Ramón y de la Asunción. Pero cuando iba ya a llegar a la esquina encontró a un hombre, que al pasar cerca de mi le pregunté ? Vistes a aquel americano que va allá? No he visto a anadie, lo que usted vió seguramente fué Arrechavala. Efectivamente ese era Arrechavala que había dejado su caballo cerca de mi casa. De estos relatos existen muchos. Según se relata, Arrechavala Apoyó la construcción de la Capilla de San Sebastián y dió un donativo para reconstruir la Recolleción. También obsequió la imágen de San Sebastián de Jesús Atado a la Columna. y la Virgen de Dolores. El Coronel Arrechavala solo se dejaba ver por algunas muchachas, y los hombres decian ya lo vamos a atrapar pero cuando sentían el coronel les estaba dando latigazos (este no se dejaba ver por ellos). Cuando venian las festividades de la Virgen de Guadalupe; el mandaba a comprar todas las flores de los jardines de León para dornar a la Virgen. se cuenta que él tenía muchas haciendas y casas. Una de sus haciendas fué la que tenía el nombre de los Arcos y tambien fué según se cree. el propietario del ingenio San Jacinto.

El duende de la Piedra de Cuapa (Nicaragua)

En el valle de Cuapa, hay una gran piedra que dicen cayo del cielo y a una legua de ella se encontraba la hacienda La Flor. Alli vivia un matrimonio que tenia una hija muy hermosa, de la cual se habian enamorado los duendes que habitaban en la casa. Todas las noches llegaban y le ponian flores en la cama y cuando iba a traer agua le enfloraban el camino. Los duendes no querian a la Mama de la muchacha y en lugar de flores le ponian espinas; Si iba a lavar le escondian el jabon; si iba a surcir le escondian el hilo y en fin, que ya nadie los aguantaba. La muchacha estaba asustada y tenia miedo de salir sola porque los duendes las seguian a todas partes.

El papa de la joven tenia un burro que jalaba agua y cargaba zacate y un dia de tantos no lo encontro, se puso furioso y comenzo a buscar el burro acompanado por los vecinos. Despues de varios dias lo encontro arriba de la piedra rebuznando afligido poruqe no podia bajarse. Comprendiendo que era una zanganada de los duendes, el senor le ordeno a su hija que les fingiera carino, correspondiendo con palabras amorosas a los regalos que le hacian. Lo que el Senor queria era que los duendes dejaran el burro.

La joven hizo caso y temblando de miedo les pidio que le bajaran el burro a su papa. Por quedar bien con ella, los duendes bajaron el burro y lo llevaron a la caballeriza.

Durante algunos dias no aparecieron y el senor creyo que ya no iban a seguir molestando, pero se equivoco. Su esposa tenia dos tazas y ellos lequebraron una porque sabian lo mucho que le doleria aquella maldad. A mediodia, cuando ella estaba estaba tomado sopa, exclamo "Que lastima que se quebro mi taza, tan bonita la pareja"; diciendo esto le dejaron caer real y medio en la sopa, entonces ella dijo: "Con esto se paga la taza". Cuando se levanto para contar el dinero que tenia guardado en un cofre, vio que le hacian falta real y medio, murmuro: "De mis mismos reales me estan pagando; que malos que son esos duendes, y le jalaron el cabello.
Como ya no los soportaban, decidieron hacerles la guerra. Despues de inventar miles de cosas, los duenos de la hacienda y los vecinos, se pusieron a tocar musica de cuerda. Esto desagrada a los duendes porque les producia dolor de cabeza. Dia y noche pasaron los senores tocando hasta que los traviesos no tuvieron mas remedio que abandonar la casa. Dicen que los chontalenos cuando ven una persona sobre la piedra gritan: "Alla esta el burro de Cuapa" y el que esta arriba, en venganza contesta: "Alla estan los duendes".

Los Duendes (Nicaragua)

Los duendes son seres pequenitos, traviesos, astutos, de agilidad prodigiosa, de inteligencia superior y en extremo burlones. Aparentemente, con sus actos y hechos sencillos, son inofensivos. Pero una cosa es oir relatar las travesuras y jugarrteas de los duendes, y reirse a carcajadas con el relato; y otra, es ser victima o blanco de su punteria, tema o tirria.

Por lo general no se dan a ver de la gente. Hacen sus torerias como seres invisibles, y la persona o personas perjudicadas, solamente escuchan los ruidos o palpan los danos. Algunos han oido las risitas de los duendecillos, despues que acaban de hacer estos el entuerto.

Como se expreso, estos seres burlones ejecutan actos sencillos, pero pertinaces y hostigadores.
La mayoria de las veces les da por dejar caer "lluvias de piedras, terrones, trozos de ladrillo, etc. durante horas enteras y con frecuencia, durante varios dias consecutivos, sobre los patios y corredores de las casas. Sus habitantes, al sentirse asi acosados, se desasosiegan y aterrorizan; y al cabo de cierto tiempo, optan por abandonarlas. Pero algunas veces los duendes siguen siguen a los huyones.

El nancital (Nicaragua)

Fue abajo de Acoyapa, muy abajo. Y hace ya de esto mucho tiempo, mucho tiempo. A algunas leguas de lo que hoy es San Ubaldo, había un pueblo. No era un pueblo, tan sólo un caserío, pero tenía plaza y cabildo, hermosas casas de madera y una iglesia, Sí, había iglesia hecha de adobes, con bonito campanario sin campanas en el que los niños, jugando, hacían alegres alharacas.

No había cura. Dos veces al año se celebraba misa cuando llegaba un padre de Granada y era de ver cómo la gente piadosa llevaba sus niños al bautismo y cómo los hombres fuertes y sencillos se confesaban. El Día de Corpus era el día grande. Corpus es el recuerdo del misterio más alto de la Iglesia: el pan y el vino que se hacen el cuerpo de Cristo.

Hoy es jueves, Jueves de Corpus y la pequeña cálida iglesita está repleta. sobre la mesita humilde el ara santa y sobre ella el cáliz y la hostia que esperan el milagro. Los hombres hablan en voz baja. Las mujeres, con sus rebozos anchos se cubren la cabeza y los niños molestan. El cura sale con su casulla blanca, hacia el altar, juntas las manos y el pueblo se arrodilla. Es entonces que se oye la voz de un niño:

-¡El amigo del diablo! ¡Ahí está el amigo de diablo!

Ahí, al fondo, semioculto tras las pilas del bautismo, estaba don
Ildefonso. Vivía apartado en la montaña, se reía de las cosas de Dios y
se dedicaba a la hechicería. Que tenía pactos con el diablo era el decir
de la gente y ese pacto logró muchas veces que muchos se sanaran de
graves enfermedades. ¿Era bueno? ¿Era malo? ¡Era amigo del diablo,
el lo decía cuando hacía milagros!

-¡El amigo del diablo! ¡El amigo de Satanás!

El sacerdote se volvió de cara a los fieles y buscó con sus ojos al raro
visitante, pero no había nadie!

-¡Padre! -gritaron las mujeres-. Era él. Todos le vimos. Ese es el
hechicero que niega a Dios y que bendice al diablo.

El cura alzó los brazos hacia el cielo y dijo casi gritando:

-¡Cristo vive! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera!

Y se oyó, entonces, un estrépito terrible. Saltaron por los aires el copón
y el cáliz, saltó el techo como si fuera de hojarasca y la gente,
espantada perdió el sentido.

Sólo los niños que estaban jugando en el vacío campanario se salvaron.
Despavoridos, corrieron a la playa y se montaron en un bote para remar
aguas adentro. Los niños estaban asustados, estaban enloquecidos.
Sobre las olas del Gran Lago vieron clarísima la estampa del demonio:

-¡Don Ildefonso: -gritaron-. ¡El hechicero es el hijo del diablo!

Sonó una carcajada como un trueno que se metió en el monte y los
desdichados niños del bote se volcaron. Todo niño de Chontales sabe
muy bien nadar. Pero ¿cómo nadar contra las poderosas fuerzas del
infierno? ¿Qué se hizo el cura? ¿Qué se hizo el pueblo?

Los niños comenzaron a nadar, pero la fuerza mágica del diablo los hizo
tierra, los hizo polvo, los hizo islas. Desde entonces aparecieron en el
Lago las islas de El Nancital.

El Lagarto de oro (Nicaragua)

Cuenta la leyenda que en el cerro Hato Grande, Chontales existía una laguna y en ella habitaba un lagarto de oro. Dicen que muchos querían atraparlo, no por ser amantes de la naturaleza, mucho menos de los lagartos, sino por el alto valor del oro, pero nadie podía capturarlo. Un día de tantos, un avispado campesino que quería cazarlo, pensó que si ofreciéndole “algo” a la Virgen de la Asunción, tal vez podía conseguirlo y así lo hizo.

Una mañana salió al cerro y se dirigió a la laguna. Cuando estaba a en la orilla del agua miró al lagarto de oro y fue entonces cuando ofreció a la Virgencita de la Asunción una corona de oro y un altar si le hacía el milagro de capturar el arisco lagarto. El milagro no se hizo esperar y al poco rato ya tenía cogido de la cola al animal, listo para sacarlo del agua. Pero en ese momento la codicia le nubló la mente y se le ocurrió decir “ahora que se friegue la virgencita” Y como por arte de magia, el lagarto se le zafó de las manos, yéndose a las profundidades de la laguna para nunca más volver.

Chico largo del chaco verde (Nicaragua)

Este es el testimonio que ilustra una creencia segun la cual la persona que hace un pacto con el diablo se cae muerta de repente.

Algunas veces desaparece del pueblo y nadie mas la vuelve a ver. segun los ancianos del pueblo, muchos hombre sencillos hicieron pacto con Chico Largo y por eso se volvieron ricos de un dia para otro.
La vida de uno que ha hecho "pacto" es limitada. Limitada al tiempo fijado en el pacto que es un contrato definitivo y no se puede anular porque el diablo se encarga de velar por el cumplimiento.
El se complace esperando el dia que toca llegar a traer el alma comprometida. El contrato procura una vida de abundancia y goces sin limites durante un tiempo estipulado. El precio de todo esto es la entrega del alma. El Diablo a veces camuflado bajo el famoso agente nicaraguense de la isla de Ometepe "Chico Largo". El agente que tramito muchos pactos con el demonio.
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El Charco Verde es una ensenada chiquita que se abre en la Hacienda Venecia, propiedad de mi amigo don Emilio Rivera Moreno y distante a unos dos kilometros del pueblo llamado San Jose del Sur.

Se llega a la ensenada bajando una cuesta sombreada por grandes arboles y arbustos.
El Charco Verde, aparece asi repentinamente, ante los ojos de aquel espectador curioso, que mira con interes la Bahia de aguas verdes, que se tornan iridiscentes, si se observa desde ciertos angulos... a traves del oleaje que agitan sus aguas..y especialmente aquellos dias, cuando hay vientos fuertes que vienen del Sur o Suroeste de la Isla de Ometepe.

La leyenda cuenta que el Viernes Santo a mediodia aparece una mujer en el centro de la Laguna Charco Verde, se le puede ver peinandose con un peine de oro...
Se dice que aqui es tambien es la entrada a "un sitio encantado".. aquel lugar en donde esta preciosa mujer aparece... que tambien vive en ese encantado mundo..en donde se dice se encuentran todas aquellas personas que "han sido vendidas por el endemoniado "Chico Largo".
Chico Largo convierte a la gente en ganado.. y que ese ganado encantado se vende en algunas ocasiones al matadero publico de Moyogalpa o Altagracia.

Muchas personas han oido el lamento del toro o la vaca, o el cerdo..igualito al quejido humano.. que ahora convertido en animal, pero que habria sido en otra vida un cristiano.

Fue este otrora un individuo que habia hecho 'pacto" con "Chico Largo".

Por medio de ese pacto, vendio a cambio de su alma, por el gozo de riquezas por cierto tiempo en su vida.
Es un pacto post muerte...despues de la cual ocurre, el individuo es llevado por muchos demonios, a la ciudad perdida en el Charco Verde.

Personas, decentes vecinos de esta isla paradisiaca.. dicen haber presenciado la muerte de alguien, de quien se decia estaba "vendido a Chico largo", se cuentan que a media noche aparecen jinetes en briosos caballos negros haciendo ladrar a todos los perros, y cacarer a las gallinas.. lo caballos relinchan y el ganado balea, de espanto.
Luego se apagan y se encienden una luces brillantes..las luces alumbran el cadaver de un muerto...y los jinetes en medio de un estrepido infernal, recogen el cadaver.

Cuando alguien se atreve a encender la luz porque ha cesado el ruido, se encuentran que el cadaver ha desaparecido. y se dice que se lo llevo Chico Largo, porque ya se habia cumplido su plazo, el plazo del pacto con el denomio.

Tambien se dice que el individuo que ha pactado con Chico Largo recibe "7 negritos", Estos estan para ayudarle en sus momentos dificiles y le sacan de cualquier apuro.

Pero siete anos, solo siete anos puede tenerlos, luego debe pasarselos a otra persona, so pena de ser llevado al "Mundo encantado" en cuerpo y alma.

Segun mi informante hubo, hace ya mas de sesenta anos, un comerciante arabe, uno de esos que el pueblo mal-llama "turcos".
Este quien hacia su ruta de comercio de tela entre Moyogalpa y Altagracia,cubria Esquipulas, Los Angeles, Trigueros, El Tenidero, San Jose del Sur, Las Pilas y Urvaite.

En una oportunidad, yendo de San Jose del Sur a Altagracia, se encontro el turco vendedor con un camino desconocido, donde no tenia marchantes... Lo siguio por curiosidad y a cierta distancia diviso una gran casa-hacienda, con mucho trajin de gente en todas las dependencias y poblada de un hato de ganado muy gordo.

El turco, llamado Umanzor, saludo una y otra vez a los pobladores.."Marchanta aqui las telas..tengo blancas, azules y rojas"..y asi persistia ofreciendo sus telas pero nadie le contestaba.
Y en vista de esa desatencion, en un lugar no tan hospitalario, al cual ya se habia acostumbrado en Ometepe.. tomo sus maletas y se las hecho al hombro en busca del camino hacia la salida.... De pronto y sin que notara en que momento, se encontro de nuevo en el camino real que lo habia traido al lugar, es decir, el camino de Altagracia.

El narrador, viejo experto, me habia dicho antes de empezar su relato, que seguramente no lo creeria, pero que Umanzor, el turco vendedor del caso, habia pasado por su casa y preguntado por la hacienda desconocida. nadie le habia dado referencias de ella.

Los dos ancianos de Moyogalpa nos expresaron con fluidez de sus palabras, el profundo deseo de revelarnos todas las historias de lo que a lo largo de su centenaria existencia habian visto y oido en aquel misterioso paraiso de felicidad para unos y de sufrimiento para otros.

El testimonio se volvia cada vez mas escalofriante sobre todo cuando empezaron a hablar asi:

" Gentes anteriores a nosotros, mas antiguas que nosotros fueron vendidas en ese encanto del Charco Verde y despues se murieron."

"Muchas personas aseguran haber visto a los desaparecidos en el encanto. "
Segunda version del cuento del turco:

Una vez vino un turco, hace bastante tiempo ya. El marchante era un buhonero criminal, vendia sus cortes de pantalones, bien caro. Los daba casi al triple.
Un dia de tantos y con una gran carga de mercancia, El Turco se fue caminando varias leguas hasta llegar a un pueblo que se llama San Jose.
El turco conto que ahi habia encontrado una gran ciudad que nunca habia visto antes y como queria vender sus cosas, se metio ahi y salio sin un corte.... Todo lo termino.... Dicen que se metio al encanto y ahi le compraron todo lo que cargaba... No se sabe quien lo llevo al lugar..ahi onde esta una gran pena (roca).

Se cuenta se tropezo con un hombre que despues lo acompanaba..era un desconocido que se le aparecio de repente en el gancho de camino..alla cerca del ceibo.. le dijo hombre para entrar aqui tenes que taparte los ojos y cuando los abrio... ya estaba en esa ciudad... y todo lo vendio...La Ciudad perdida tenia muchos jardines.. llenos de lindas flores... y animales del monte bien mansitos se te acercaban.

Pero el turco se fue asustado.. diciendo que no queria ese dinero...y desde esa vez nunca mas volvio a venir.

Tambien una amiga de mi amiga... una mujer ya mayor.. Bertilda Castro se llamaba ella.. llego un dia asustadisima..ahogandose para contar su gran susto..

Vieran que triste vengo... una cosa horrible me ha pasado.... A mi comadre de los Angeles le acaba de pasar una cosa espantosa...
Dona Bertilda la prestamista de dinero fue a cobrar sus intereses, y estando en la casa del cliente. ... llego una senora gorda vecina diciendo:
Comadre, Buenas, vengo a que me preste a su chavalita para que me acompane a hacer un mandado.
Bueno, Comadre llevatela, le dijo la comadre ... La Chavalita que solo tenia ocho anos se fue muy de madrugada con la senora y como a las dos de la tarde regreso con una gran bolsa.

-"Mama, Mama".. le decia la muchachita bien palida, aqui le manda su comadre este chicharron ...Vea, bastante le mando.
Aqui traigo esto mama, pero no se lo coma, Sabe por que? Porque esa senora me llevo a un lugar bien raro..alla frente a Venecia .. cuando llegamos a una gran piedrota que hay por ahi.. me dijo que cerrara los ojos... Yo le hice caso y cuando los abri otra vez, estabamos en un pueblo con poco de casas ...y Ella, su comadre ya habia desaparecido del lugar... Yo me vi solita en un corredor en aquella casona..con cuartos y cuartos.. habian un monton de cuartitos..todo alrededor y Yo estaba muy afligida... no sabia que hacer. Me habian dejado solita... Y ahi, una Senora que Yo no conozco, me llevo comida, pero Yo estaba afligida que ni siquiera comi.

- "Si la chavala hubiera comido, la dejan ahi." y continuo con el relato de la chavalita:
-Yo dije, mejor no como hasta que llegue a mi casa ..ahi estaba sentada viendo todo lo que pasaba y no comi, y esta senora que no conozco me dijo reganandome:
"Porque no comiste?"

Porque..este... no tengo hambre - respondi mirando al suelo.

En eso, yo mire, que sacaron de un cuarto a una senora blanca bien gorda ... la metieron en otro cuarto... La Senora era tan gorda que no podia andar... yo estaba viendo eso con mucho miedo.. porque estaba muy afligida,...de repente se escucharon los horripilantes quejidos de un chancho.. ahi oi gritar..reeeeep reeeeeep.. un chancho aterrorizado en donde metieron a la senora gorda.. Ese chancho gritaba como que lo estaban degollando...esa era la mismisima senora...la que estaban matando. Primero la convitieron en chancho y luego la mataron... Yo cuando vi salir a otra mujer que cargaba unos tocinos..los que trozaron delante de mi...tocinos de la senora que metieron ahi.. la gorda, que no volvi a ver... ya no salio...la puerta del cuarto estaba en pampa abierta, pero solo estaban un monton de chicharrones ... ya no estaba ni el chancho ni nadie.. esos chicharrones son de gente, no los coma mama.. no me de a mi, - decia la chavalita llorando de miedo.

Despues de repetir varias veces que la historia era veridica.

No hace muchos anos, murio un conocido que se llamaba Juan Mendoza. el hombre se agravo y murio, lo estaban velando en su rancho. Y aqui todo el mundo sabe que cuando alguien se muere... hay que ir a la vela... La gente va y se reune en el velorio del muerto.

De San Jose venia el indio Saballos, en el camino se encontro con un hombre.

- Hola hombre, A donde vas?, le pregunto Saballos.
-Pues hombre, voy largo... pero ahora que pases por mi casa, antes de llegar al gran ceibon.. vas a ver una fiesta..estan hornando rosquillas ...preparando cafe... la fiesta es en la noche. Pero nos vemos..Yo voy por alla, largo, bien largo...
Despues de este cruce de palabras,cada cual continuo su camino.
Cual no seria el susto del indio Saballos que al pasar frente a la casa de aquel hombre que se habia tropezado en camino..el que habia visto hace poquitito era el mismisimo que estaban velando....se habia tropezado con el muerto. el hombre que con el acababa de hablar hacia poquito...y la fiesta de la comedera era su propia vela... y el muerto ya iba en su camino pa el Charco Verde...
El indio cayo del susto... con un gran calenturon y lo dejo mudo por mas de una semana. Estaba como dundo.

Ese Chico Largo que vende el alma de los hombres. Se le miraba por el manantial..dicen que ahi se hacen los contratos... La gente veia llegar a Chico Largo montado en un gran caballo negro, los trabajadores lo veian entrar por un porton y despues se desaparecia...

La Cegua (Nicaragua)

La leyenda de la Cegua que a través del tiempo se ha venido tejiendo entre nuestra gente campesina, cobra forma al brotar de los labios de cualquier sencillo narrador de esta clase.
Según la conseja, se trata de mujeres perversas y sin escrúpulos que por las noches se disfrazan de espantajos poniéndose en la cabeza a modo de trenzas, crines de caballo, y con el rostro pintado salen a altas horas de la noche por las calles y caminos solitarios en busca del amante descarriado o del hombre que se ha burlado de su cariño.



Esta es la mentada Cegua, muy distinta a como la pinta el escritor guatemalteco Soto Hall, que la hace aparecer como alma del otro mundo. Hace algunos años, cuando regresaba yo de la frontera hondureña de hacer una inspección por cuenta de la Compañía Hulera, tuve que pernoctar a causa de lo avanzado del día, en una de las haciendas aledañas a la guarda-raya.


Ubencio Hernández se llamaba el administrador; era un viejo alto, fuerte y tostado por el sol. Don Ubencio, que se tenía un magnífico repertorio de leyendas y consejas, me contó esa noche ante un grupo de impávidos campistas y en torno al fuego crepitante de la cocina, una de sus tantas aventuras de brujas y aparecidos.

Don Ubencio, como un preámbulo a su relato sacó un chilcagre de su bolsa, escupió chirre por la comisura de sus labios, se metió medio puro entre la boca y, apretando los dientes, lo partió por la mitad. Todo el engranaje molar de aquel viejo campesino se movía con deleite masticando el chicle de tabaco. -Como verá usté -comenzó don Ubencio-, en esta vida todos hemos tenido aventuras; las mías han sido muchas y divertidas.

Para que le voá dicir, yo he sido muy mujerero y casualmente por eso es que me han pasado tantas vainas, pero algo le queda a uno de experencia para cuando llega a viejo.

Cierta vez -continuó diciéndome don Ubencio - me había cogido la noche en el llano, pues venía de cierta parte onde tenía mi albur tapado, no sé qué me dió mirar para atrás y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin darle importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví de nuevo a mirar atrás; la maldita luz venía detrás de mi pisándome los talones, le apreté las chocoyas al caballo para que cogiera el trote tendido y así poder alejarme de la luz que cada vez la vía más cerca, pero cuál sería mi susto cuando al coger una vuelta del camino ví que la luz se vía encajado en las ancas del caballo.

Le confieso que jué la primera vez en mi vida que sentí miedo al ver aquella enorme pelota verde en las nalgas del caballo; todo mi cuerpo se tiñó de verde, lo mismo que el caballo y una parte del camino por donde yo iba.

La cabeza -se me puso grande, se me aflojaron las piernas y las riendas se me cayeron de las manos. Eso es lo único que recuerdo hasta que mevi acostado en una hamaca. Unos peones de la hacienda que jueron los que me recogieron, dicen que estaba tendido en mitá'el camino sin conocimiento.

Pero de lo que más recuerdo hace don Ubencio es de la Cegua que le salió hace años, allá al otro lado de la frontera y muy cerca del pueblecito de Namasigüe. Don Ubencio era hondureño y cuando le sucedió el encuentro con la Cegua era mandador de campo en la Hacienda San Bernardo, propiedad del nicaragüense don Perfecto Tijerino. Don Ubencio se había ido al pueblecito de Namasigüe, como siempre lo hacía en busca de amores libres. Cuando dispuso regresar a la hacienda era ya de tarde y las sombras de la noche se le habían encajado cuando todavía iba de camino. Había llovido y la noche estaba helada, pero don Ubencio no la sentía porque llevaba sus buenas copas de aguardiente bien metidas entre el pecho. La media hoja de una luna tierna alumbraba débilmente en el respaldo oeste de un cielo que comenzaba a llenarse de titilantes puntos luminosos. Un viento que llegaba de los cerros vecinos mecía quejumbrosamente la tupida arboleda del camino solitario. Don Ubencio, inconsciente por el efecto de las copas iba embrocado sobre el almuerzo de la albarda en tanto que la bestia caminaba por su propio instinto. Cuando el caballo bajó al río, el mayoral fué despertado de su borrachera por una carcajada de mujer lanzada de la orilla opuesta al tiempo que un silbido agudo hería los tímpanos del hombre. En medio de su borrachera pudo distinguir entre el claroscuro de la ribera dos bultos sentados sobre una peña que emergía de las aguas, pero en ese momento le era imposible definir sus sexos, ya fuera por los vapores del aguardiente o por la densa oscuridad donde losfacultades ante el peligro, se incorporó, y parándose sobre los estribos puso la mano sobre la frente a modo de pantalla y escudriñó las sombras. A los pocos minutos de estar en esa posición sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo distinguir en sus menores detalles a las figuras que antes le fueran imprecisas. Se trataba de unas mujeres, mejor dicho, de unas ceguas, porque don Ubencio vió que estaban disfrazadas. De sus cabezas pendían unos guindajos como trenzas, estaban envueltas en trapos negros, y sus dientes, que tenían fulguraciones de fósforos, les castañeteaban como los de un perro rabioso. UHHHH LA CEGUAAAAAAAAAAA Don Ubencio oyó que las mujeres bailaban y cantaban sobre el peñazco, pero apenas alcanzó a oír las últimas palabras de la canción. fué oídos sordos ante la súplica de la hechicera, al pie de una mata'e rudaA lo que don Ubencio, siempre oportuno y gracioso en todo, aún ante el mismo peligro, les contestó: Ahora quiero que me digan propia puerta del Perdón, y en medio de todo el gentío cuál es la más tronconudaa que se había congregado para verle Las ceguas no daban muestras de huir; por el con- trario, inmóviles miraban fijamente al mayoral. Ante actitud retadora de aquellos espantajos, el hombre, en vez de atemorizarse entró en cólera, y picando es- puelas aventó su caballo a medio río al tiempo que les lanzaba una oración de esas que son como jaculatoriasy que don Ubencio se había aprendido de memoria ...Hasta que llegué onde el tata cura no la reconomo una defensa a los males que pudieran provocar sus , cí .....-, ...pues La Cegua era una mujer que continuas conquistas amorosas. había sido mi querida y que por infiel a su cariño que la había abandonado y la gran perra no bastándole loca.. Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! ................La Ceguaaaaaaaa Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! ..........La ceguaaaaaaaaa Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! Dos balazos disparó al aire; una cegua salió huyendo, mientras la otra, en actitud hostil, seguía parada en la piedra tirándose sonoras carcajadas que hacían estremecer hasta las mismas piedras del camino. Don Ubencio, tanteándose los bolsillos, sacó un vasito de mostaza y, haciendo la señal de la cruz, le espetó de nuevo: -Ahora sí no te capiás, hijeputa, al tiempo que le tiraba un puño del polvo amarillo. La cegua, comprendiendo que estaba perdida, se le fué a echar a las propias patas del caballo. Ya con ésta me despido que pedía clemencia prometiendo enmendarse. -Allá se lo vas a decir al tata cura -fue la respuesta del hombre enardecido, y amarrándola con elcabresto del caballo se la llevó al cura del pueblo, quien después de echarle agua bendita la puso en late Padrenuestros para quitarle el poder de hechizar,porque según me contó don Ubencio, las malditas lo rezan al revés para tener poder contra la persona aesa leucción que le dí tuvo lo suficiente para no volverme a salir, porque eso jué hace munchos años y no la he vido dende entonces -terminó diciéndome don Ubencio, mientras encendía un puro en la mecha agonizante de su candil.

La Diosa de la Barranca (Nicaragua)

Donde, por revelación de ancianos casi centenarios, se revela la leyenda de La Martina, a quien los nindirises llamaban “La Vieja de la Barranca.” Ese horrible esperpento era acusado de encantar para reformar a los chavalos léperos y también de asustar hasta el pánico mortis a los hombres perversos 

Martli-xotchil Acal-xubj —azucena tersa y tan pura que cualquier mirada indiscreta tiende a marchitarla— languidece entre sollozos. 

Su cuerpo se agita cual nerviosa gota de rocío dentro del ancho jade de una hoja de danta. 

Como princesa del Tenderí ha sido dedicada de por vida al culto de Xipaltomal, la diosa virgen que exige castidad. Pero Martli-xotchil Acal-xubj fue profanada un día por los ojos de azabache de Tezic, un guerrero hermoso y valiente, pero sin ascendencia divina. Aunque es un héroe de la tribu, Tezic es un pobre mortal. 

De la boca rosa encarnada de la princesa no pueden brotar mentiras, de modo que su padre, el cacique Necuderit es conocedor de la pasión que Tezic ha despertado en su hija. En trance tan doloroso convoca a su monéxico. Los ancianos también aman a Martli-xotchil Acal-xubj, pero tienen que castigar aquel incipiente pensamiento impuro. Los códices dicen que la pena que se debe aplicar a la princesa es el destierro, y los viejos lloran igual que los antiguos robles legañosos de Dipilto al tener que comunicar a su princesa y sacerdotisa el veredicto: “Tendrás que permanecer durante toda tu vida más allá de los límites del Tenderí, en el Cerro de la Barranca, desde el cual a lo lejos podrás mirarlo”. 

Hace más de 600 años Martli-xotchil Acal-xubj se fue acongojada por el camino que lleva a Masaya. Los tenderises la vieron perderse en el primer recodo y quedaron desde entonces con el rostro triste. 

ESPLENDOR Y VEJEZ EN LA BARRANCA 

De aquel tiempo hacia acá camina la leyenda. 

Martli-xotchil Acal-xubj ve pasar los años, y si bien tiene que envejecer, Xipaltomal le concedió la gracia de rejuvenecer por momentos, cuando ella así lo desee. Aunque vive a media legua del pueblo, ella es el don del Tenderí, el espíritu que vigila, la deidad que ama, cuida y castiga a los suyos. 

De la Barranca bajan armonías divinas que sólo los escogidos pueden escuchar. Es la princesa que llora cantando. En la cumbre del cerro está su casa que sólo los elegidos pueden ver. Y sólo ellos pueden mirar a Martli-xotchil Acal-xubj. 

La princesa puede aparecer con toda la divina belleza de su juventud, o como la cuasi momia horrorosa y decrépita que es. Sale al camino para salvar y aconsejar al bueno, o para perder y “jugar” al malo. 

Pero no sale de repente, no es su intención sorprender, sino que el vidente bendito o maldito la ve venir a lo lejos, sobre el camino. Si viene juvenil y esplendorosa el alma del mortal se ensancha de regocijo y felicidad a cada paso que avanza hacia ella. Si se aproxima como bruja, los cabellos de la víctima se erizan, se desgonzan las piernas, y sobre la frente corre un sudor de alquitrán congelado que quema y aterroriza. 

FRENTE AL ABUSIVO CONQUISTADOR 

Cuando los inhumanos depredadores españoles asolaron Nindirí, con ellos llegaron los curas que pretendieron acabar con Martli-xotchil Acal-xubj, pero no pudieron. Obligaron al indio a llamarla Martina porque ellos no eran capaces de pronunciar el bello nombre de la princesa. 

La Martina fue la sabia consejera del cacique Tenderí y de Juan Necuderí. Ella vio con rabia desde el cerro cómo los suyos eran bautizados en una religión extraña, cómo eran destruidos sus ídolos y códices, y cómo sus protegidos eran vendidos como bestias a través del sistema de “encomiendas” cristianas. 

Martli-xotchil Acal-xubj lloró con ira al ver la forma en que los tenderises eran descuartizados para servir de alimento a los perros de los conquistadores. Lloró sangre Martli-xotchil Acal-xubj al constatar que poco a poco los santos e iconos que veneraban aquellos malvados sustituían en la mentalidad bondadosa de los indios a sus puros y sencillos dioses. 

Desgarró su corazón Martli-xotchil Acal-xubj cuando los suyos se desgarraron en luchas fratricidas y sirvieron de carne de cañón a los oligarcas y tiranos criollos descendientes de aquellos perversos. 

Para manipular a Martli-xotchil Acal-xubj, los obispos bendijeron con sus manos sarmentosas la leyenda sin principio de “La Vieja del Monte”, especie de bruja, espanto, cegua, que vivía en La Barranca para asustar a los herejes y a los cristianos de mal vivir. 

MEDARDO ÑURINDA “EL JUGADO” 

Según cuenta Sancho, allá por los años veinte, Medardo Ñurinda era el cipote más haragán y sin oficio de todo Nindirí. 

Era “recogido” de la abuelita Balbina, la cual lo envió un día a vender pinol a Masaya. Desde ese día el muchacho desapareció. Lo buscaron en Los Altos, Cofradías, San Francisco, El Raizón, Tisma, Campuzano, Masaya y Managua... y sólo ausencia encontraron. 

A los tres meses le dieron por muerto y le celebraron una vela con café, tamales pizques, rosquillas de maíz, nacatamales y cususa. 

Al año justo, Medardo Ñurinda entró a Nindirí por el camino a Masaya. Dijo que había permanecido “encantado” en la cima del cerro de La Martina, que ésta tenía a su servicio unos bueyes llorones, varios cabros peludos y un gallo rojo. 

Agregó que los racimos de palmas que techaban el rancho de La Martina eran de oro. “Allí se vive tranquilo, pero nadie puede escapar, pues al llegar a los límites de la propiedad se pierde el control de las canillas, y éstas o no avanzan o comienzan un forzado retroceso hacia la cumbre del cerro”. 

La Martina hizo de Medardo un muchacho inteligente y habilidoso. Un día el cipote pudo atravesar el cerco de piñuelas y caminó al poblado sin encontrar contratiempos. 

Se supo por Medardo que durante la noche de los Viernes Santos La Martina bajaba de La Barranca con su gallo rojo bajo el brazo, llegaba a la planicie del camino y soltaba el ave que, picoteando por aquí y escarbando por allá, entraba hasta la placita del pueblo para emitir tres estentóreos ki-ki-ri-kí. Después, invisible, regresaba donde su dueña. 

EL EXTRAÑO REUCINDO SOLANO 

Los bueyes llorones —dijo Medardo— son hombres convertidos en rumiantes que tienen que arar las tierras del cerro que son propiedad de don Reucindo Solano, anciano patizambo, de ojos amarillos, cara aindiada, cabellos negros de acero y barba canosa y sucia. 

Solano vivió en una casa de tablas con techo de tejas que estaba ubicada frente a la Paja de Agua. Su único mueble era una hamaca en la que pasaba la mayor parte del tiempo. A poca gente le pasaba palabra. 

Por boca de Medardo se supo que los bueyes llorones eran personas de mal corazón que el viejo contrataba para que trabajaran en sus tierras. En extraño pacto con Reucindo, La Martina los convertía en semovientes, los hacía trabajar por varios años y luego se los devolvía al viejo, quien los vendía al mejor postor. Los “transformados” volvían a ser seres humanos cuando cumplían su castigo, pero jamás hablaban de esas cosas. 

Reucindo murió solitario. Nunca hizo un bien ni un favor. Descubrieron el cadáver ya cuando hedía y lo llevaron a enterrar a la carrera. Dicen que se convirtió en ánima en pena porque dejó sepultadas sus riquezas en el patio de su casa. 

Los viejos del pueblo nunca creyeron que Martli-xotchil Acab-xubj tuviera un pacto con Reucindo Solano. 

ELLA VIVE, ES LA INOLVIDABLE¨ 

Para esos ancianos apergaminados la princesa vive y representa la perenne promesa de resurrección de La Madre Tierra. 

Cuando regrese Quetzalcóatl, nuestra Abya-yala volverá a tener el verdor de la esmeralda y cosecharemos granos de oro y frutas con los colores del iris. 

Cuando regrese Quetzalcóatl, los hombres de maíz serán más que hermanos, tendrán el corazón del dios impulsando la sangre de todos los humanos. 

Y Martli-xotchil Acab-xubj bajará espléndida de la Barranca para vivir eternamente entre los suyos. Para seguir siendo la deidad amada y protectora de los tenderises de buena voluntad. Para los miembros de la tribu que arrojaron lejos de sí la enorme piedra Mariola (*) de la alienación que colocaron en sus mentes los abusivos españoles. 

(*) Piedra Mariola: Peñasco de enormes dimensiones que se encuentra en la bajada de la Laguna de Masaya. 

EL CERRO ENCANTADO 

“Cuando una noche de agosto pasé por el camino, escuché que del cerro bajaba una tonada divina, como que era cantada por una voz celestial”, dijo don Pablo Cuaresma, vecino de Nindirí. 

“Existen muchas versiones sobre la existencia de La Martina, y no faltan los que la confunden con una cegua o con una Mica Bruja... Pero otra es la verdadera historia”, explica don Justo Pastor Ramos. 

“Dicen que una vez a un curita se le metió exorcizar La Barranca y subió al cerro con varios vecinos, pero sólo encontró monte, breñales, un promontorio como cualquier otro”, asegura don Lolo Acevedo.

El Barco Negro (Nicaragua)

Hace ya mucho tiempo..tiempales que una lancha cruzaba de Granada a San Carlos..Una vez muy cerca de la Isla redonda alguien hacia señas con una sabana blanca para que esta lancha atracara.
Cuando los marineros se acercaron a la isla solo escuchaban..Ay.....Ay......Ay.....Ay...

Las dos familias que vivian en la isla se estaban muriendo envenenadas..pues se decia habian comido de una res que habia sido picada por una culebra Toboba.

Por favor llevennos a Granada.. dijeron
y el Capitan pregunto de que quien pagaria por el pasaje..

No tenemos reales..dijeron los envenenados..pero le pagamos con platanos.
Quien corta la leña o los platanos pregunto el marinero.

Yo llevo una carga de chanchos para Los Chiles y si me entretengo alli ustedes se me mueren en la barcaza... les dijo el capitan.

Pero nosotros somos gente..dijeron los moribundos..

Tambien nosotros dijeron los lancheros..con esto nos ganamos la vida.

Por Diosito grito el mas viejo de la isla..no ven que si nos dejan nos dan la muerte?

Tenemos compromiso ...dijo el Capitan.
Y en facto se volvio con los marineros y ni por mas que se estuvieran retorciendo del dolor ..ahi los dejaron.
No sin antes la abuela de una familia de la isla ..levantadose del tapesco en donde estaba postrada..les echo una maldicion...

"Malditos..a como se les cerro el corazon..asi se les cerrara el lago"...

La lancha se fue. Cogio altura buscando San Carlos y desde entonces perdio tierra. Eso cuentan. Ya Ellos no vieron nunca tierra. Ni los cerros podian ver, mucho menos las estrellas en el cielo les pueden servir de guia....Ya tienen siglos de andar perdidos.

Ya el barco esta negro, ya tiene las velas podridas y las jarcias rotas. Muchos lancheros en el Lago de Nicaragua aseguran que los han visto..se topan en las aguas altas con el barco negro..., sus marineros barbudos y andrajosos les gritan..
Donde queda San Jorge? Donde queda Granada? pero el viento se los lleva y no ven tierra..Estan malditos.

El Cadejo (Nicaragua)

El Cadejo Blanco

El cadejo blanco existe en todo el país, de él se cuentan muchas historias, se dice que es un espíritu bueno, que es por ese motivo que protege a las personas que acompaña. "Es un guardián que permanentemente prptege al hombre".

Don Sergio, un señor de 79 años, del barrio el Calvario de León, dice que salió el cadejo a la media noche, después de salir de echarse unos buenos tragos de cususa.

Del barrio de Guadalupe se escuchan más testimonios sobre este misterioso animal. Doña Mariíta una anciana de 93 años nos cuenta que, el cadejo es un animal que no a toda persona le sale y que protege a los caminantes nocturnos, y les digo esto, porque a mi papa el cadejo le salió y a mi hermano nunca, y los dos trasnochaban. Mi papa no tenía ningún vicio, pero le gustaba jugar billar, una noche venía sobre la calle de Guadalupe del biliar a la casa de mi mama, sintió que un perro le venia siguiendo los pasos. El perro venía tras él y entonces él se voltea y le dice: "Vállase este animal jodido que me anda siguiendo, oliéndome los pasos". El lo espantaba todo el tiempo, pero al llegar a casa el pero desaparecía y el misterioso animal a donde él iba lo acompañaba. Nunca le hizo algo mal a mi papa".

Doña Argentina Barcia, una madre de origen campesino nos relata que a su papa también le salió el Cadejo: "Mi papa trabajaba haciendo compras de ganado y cerdo, por eso andaba por todos los caminos y el cadejo blanco siempre lo acompañaba. Un día le dijo a mi mama: "Miró, mañana tengo que madrugar, tengo que ir a ver un ganado. Así fue, pero al salir de casa unos ladrones lo estaban esperando y lo mataron, después lo metieron a un fango de lodo. El animal no se sabe que fin tendría, no se sabe si el animal lo defendió, pero la cosa es que nosotros supimos la muerte de él por un perro. El pero llegó a la casa y le olía las patas enlodadas. A mi mama la olía y ella preguntaba: ¿por qué este animal me huele los pies? Y el perro seguía insistiendo, por fin mi mama le agarró la seña al perro de que la quería llevar a algún lugar. Mi mama entonces siguió al perro, el perro caminaba y ella lo seguía hasta que llegó a una zanja lodosa puro fango y ahí encontró el cuerpo de mi papa. Así nos dimos cuenta de su muerte. Cuando mi mama buscó al perro, este va había desaparecido.

Dicen que existen dos cadejos, uno bueno y otro malo. Cuando el perro blanco olfatea al perro negro lo ataca para proteger al que acompaña.

En la vida nos acompaña el bien es el blanco y el mal que es el negro.

El Cadejo Negro


El cadejo existe. dice Don Paulo Silva, un señor de 98 años del barrio de Sutiava, que existen dos clases de cadejos nos dice Don Paulo con una hermmiosa jicara llena de Liste en su mano derecha. El blanco es bueno, camina detrás de los caminantes solitarios para protegerlos por la noche de otros espíritus burlones. Sin embargo, el cadejo negro es un espíritu malo que trata de matar a los caminantes nocturnos como nos dice su relato Don Paulo: "En el barrio de Guadalupe a Bacilio, un muchacho recio y muy conocido por andar trasnochando, lo mató una noche el cadejo negro, lo encontraron en la esquina de los billares Darce. Tenía un vecino que era muy valiente, al darse cuenta lo que le pasó a su amigo dijo: "Yo quiero que el cadejo me mate. voy a ir a espiarlo mañana". Así fue salió con un machete a esperar al cadejo y se escondió en el mero Tamarindón cerquita del Río Chiquito, cuando el animal se le apareció. ra._. Ra... Ra... Ra... Se lo hechó encima. El pobre hombre amaneció muerto.

En este mundo todos estamos rodeados del bien y el mal.

El cadejo negro, color tenebroso que simboliza el mal en todas sus manifestaciones.