27 mayo 2010

El Cadejo (Guatemala)

El cadejo es el espíritu que cuida el paso tambaleante de los borrachos, "es un animal en forma de perro, negro, lanudo, con casquitos de cabra y ojos de fuego". Su trabajo es perseguir o cuidar a los bolos que les gusta mucho el guaro y se quedan tirados en la calle, según la leyenda hay dos tipos de cadejos uno malo y uno bueno, el malo es el de color negro, y el bueno de color blanco. Aunque según las personas que les han visto siempre ven a los dos, pero siempre el negro mas inquieto y distante y el bueno echado cerca de la persona, resguardándola del cadejo malo

Hay que tener cuidado aunque sea un espíritu protector porque al beber demasiado y muy frecuente, "el Cadejo lo puede trabar, pues si se lo encuentra a uno tirado y le lame la boca, ya lo jodió para siempre, pues entonces uno jamás se compone". El Cadejo acostumbra seguir por nueve días al hombre al que le lamió la boca y no lo deja en paz.

La leyenda.


1) Hubo un joven que era muy trasnochador. Se llamaba Carlos Roberto y era guardián de un terreno. Siempre que regresaba ya muy entrada la noche, encontraba un perro blanco enfrente de su puerta. Era grande y peludo, pero nunca dejaba que Carlos se le acercara. El perro al ver que él entraba a su casa se sacudía, daba vuelta y desaparecía. Y esto sucedía todas las noches que Carlos llegaba muy tarde a su casa. Un día de tantos, Carlos quiso seguirlo para verlo de cerca y de donde venía, pero nunca lo logro alcanzar.

Alguien le dijo que era El Cadejo, y que cuidaba de su mujer y sus hijos cuando el no estaba.Este es el Cadejo bueno, el que anda y cuida a las mujeres, porque el Cadejo negro es que siempre anda detrás de los hombres que están borrachos

2) Hace tiempo, cuando don Héctor estaba en la estudiantina de la iglesia, salía con sus amigos a dar serenatas por todas las calles. Y una de estas veces le paso algo inexplicable. Ya venían de regreso de una serenata, y durante el camino de regreso, todos los muchachos se iban quedando en calles distintas, para ir a sus casas. Ya solo quedan don Héctor y don Felipe, al pasar por el parque, se les pegó un perro negro de gran tamaño y con los ojos rojos; empezaron a caminar más rápido, pero el perro no de perdía. Ya los dos se empezaron a sentir cansados de caminar, al llegar a la casa de don Felipe, se entraron los dos y cerraron rápido la puerta, entonces aquel perro empezó a empujar la puerta con los cascos de sus patas, la mama de aquel joven salió con un crucifijo y le hizo la señal de la cruz, después de esto, el perro desapareció. Don Héctor decía que el Cadejo se los quiso llevar.

3) José había estado chupando con sus amigos durante todo el día, y ya entrada la noche estaba tan bolo que se quedó tirado en una calle. En horas de la madrugada, ya medio bueno, se estaba tratando de parar, cuando vio un perro negro muy lanudo que le paso la lengua por la boca. Con mucho trabajo se logro parar, y se fue como pudo se fue caminando por todas la calles; detrás de él iba el perro, que hacia ruido con sus casquitos de cabra. En el tanque de San Gaspar uno hombres quisieron robarle a José, pero el gran perro lo defendió y lo siguió hasta dejarlo en la puerta de su casa. Después de ese día el perro lo siguió durante nueve noches seguidas. Porque cuando el Cadejo, le lame la boca a uno le sigue por nueve días. Y también uno nunca más deja de tomar, por eso José se murió por bolo.

Fuente: Libro de "Leyendas de Guatemala" (1930)

La Llorona (Guatemala)

La Llorona es una de las leyendas con más fuerza en nuestro país. Hoy día su presencia sigue causando tanto pavor como hace siglos. La gente del pueblo no duda en afirmar su existencia e incluso los más instruidos temen objetar algo ante quien afirma haberla visto, pues está tan imbuida en el pensar del guatemalteco que forma parte misma de su existencia y se le otorga el carácter de realidad. Tenemos un gran número de versiones sobre su presencia y lo que la obliga a lanzar ayes lastimeros por la noche, pero lo que nadie puede negar es que ha trascendido las barreras del espacio y el tiempo hasta llegar a ser parte de la idiosincrasia de un pueblo. Es lo cotidiano de lo sobrenatural y la representación de la desesperanza.

La leyenda


"…Una mujer, envuelta en un flotante vestido blanco y con el rostro cubierto con velo levísimo que revoleaba en torno suyo al fino soplo del viento, cruzaba con lentitud parsimoniosa por varias calles y plazas de la ciudad, unas noches por unas, y otras, por distintas; alzaba los brazos con desesperada angustia, los retorcía en el aire y lanzaba aquel trémulo grito que metía pavuras en todos los pechos. Ese tristísimo ¡ay! mis hijos... Levantábase ondulante y clamoroso en el silencio de la noche, y luego que se desvanecía con su cohorte de ecos lejanos, se volvían a alzar los gemidos en la quietud nocturna, y eran tales que desalentaban cualquier osadía.

Así, por una calle y luego por otra, rodeaba las plazas y plazuelas, explayando el raudal de sus gemidos; y, al final, iba a rematar con el grito más doliente, más cargado de aflicción, en la Plaza Mayor, toda en quietud y en sombras. Allí se arrodillaba esa mujer misteriosa, vuelta hacia el oriente; inclinábase como besando el suelo y lloraba con grandes ansias, poniendo su ignorado dolor en un alarido largo y penetrante; después se iba ya en silencio, despaciosamente, hasta que llegaba al lago, y en sus orillas se perdía; deshacíase en el aire como una vaga niebla, o se sumergía en las aguas (…) No sólo por la ciudad de Santiago de los Caballeros andaba esta mujer extraña, sino que se la veía en varias ciudades de la Guatemala de antaño.

Atravesaba, blanca y doliente, por los campos solitarios; ante su presencia se espantaba el ganado, corría a la desbandada como si lo persiguiesen; a lo largo de los caminos llenos de luna, pasaba su grito; escuchábase su quejumbre lastimera entre el vasto rumor del mar de los árboles de los bosques; se la miraba cruzar, llena de desesperación, por la aridez de los cerros, la habían visto echada al pie de las cruces que se alzaban en las montañas y senderos; caminaba por veredas desviadas, y sentábase en una peña a sollozar; salía misteriosa de las grutas, de las cuevas en que vivían las feroces animalias del monte; caminaba lenta por las orillas de los ríos, sumando sus gemidos con el rumor sin fin de las aguas…

Fuente: Libro de "Leyendas de Guatemala" (1930)

El Sombrerón (Guatemala)

El sombreron es otra de las leyendas que están muy arraigadas en las costumbres y tradiciones de Guatemala,…. Un día, como a las seis de la tarde, aparecieron en la esquina de la casa de Celina cuatro mulas amarradas. Pasaron por allí dos vecinas y una de ellas dijo: "¡Qué raro! ¿No serán las mulas del sombrerón?". "¡Dios nos libre!" dijo la otra, y salieron corriendo.
A esa hora, Celina comenzaba a dormirse porque ya se sentía muy cansada. Entonces comenzó a oir una música muy bonita y una voz muy dulce que decía: "eres palomita blanca como la flor de limón, sino me das tu palabra me moriré de pasión"

Desde ese día, todas las noches, Celina esperaba con alegría esa música que sólo ella escuchaba. Un día no aguantó la curiosidad y se asomó a la ventana y cual siendo la sorpresa, ver a un hombrecillo que calzaba botitas de piel muy brillante con espuelas de oro, que cantaba y bailaba con su guitarra de plata, frente a su ventana.

Desde entonces, Celina no dejó de pensar en aquel hombrecito. Ya no comía, sólo vivía esperando en momento de volverlo a escuchar. Ese hombresito la había embrujado.

Al darse cuenta los vecinos, aconsejaron a los padres de Celina que la llevaran a un convento para poderla salvar, porque ese hombrecito era el "puritito duende". Entonces Celina, fue llevada al convento donde cada día seguía más triste, extrañando las canciones y esa bonita música. Mientras tanto el hombrecito se volvía loco, buscándola por todas partes. Por fín la bella Celina no soportó la tristeza y murió el día de Santa Cecilisa. Su cuerpo fue llevado a la casa para velarlo. De repente se escuchó un llanto muy triste. Era el sombrerón, que con gran dolor llagaba a cantarle a su amada: "ay...ay... mañana cuando te vayas voy a salir al camino para llevarte el pañuelo de lágrimas y suspiros".

Los que vieron al sombrerón cuentan que gruesas lágrimas rodaban mientras cantaba: "estoy al mal tan hecho que desde aquí mi amor perdí, que el mal me parece bien y el bien es mal para mi". Toda la gente lloraba al ver sus sufrimiento. Y cuentan que para el día de Santa Cecilia, siempre se ven las cuatro mulas cerca de la tumba de Celina y se escucha un dulce canto: "corazón de palo santo ramo de limón florido ¿por qué dejas en el olvido a quien te quiera tanto?"

Y es que se cuenta que el sombrerón nunca olvida a las mujeres que ha querido.

La Leyenda


El sombrerón recorre los portales... En aquel apartado rincón del mundo, tierra prometida a una Reina por un Navegante loco, la mano religiosa había construido el más hermoso templo al lado de la divinidades que en cercanas horas fueran testigo de la idolatría del hombre—el pecado más abominable a los ojos de Dios—, y al abrigo de los tiempo de montañas y volcanes detenían con sus inmensas moles.

Los religiosos encargados del culto, corderos de corazón de león, por flaqueza humana, sed de conocimientos, vanidad ante un mundo nuevo o solicitud hacia la tradición espiritual que acarreaban navegantes y clérigos, se entregaron al cultivo de las bellas artes y al estudio de las ciencias y la filosofía, descuidando sus obligaciones y deberes a tal punto, que, como se sabrá el Día del juicio, olvidábanse de abrir al templo, después de llamar a misa, y de cerrarlo concluidos los oficios...

Y era de ver y era de oír y de saber las discusiones en que por días y noches se enredaban los mas eruditos, trayendo a tal ocurrencia citas de textos sagrados, los más raros y refundidos.

Y era de ver y era de oír y de saber la plácida tertulia de los poetas, el dulce arrebato de los músicos y la inaplazable labor de los pintores, todos entregados a construir mundos sobrenaturales con los recados y privilegios del arte.

Reza en viejas crónicas, entre apostillas frondosas de letra irregular, que a nada se redujo la conversación de los filósofos y los sabios; pues, ni mencionan sus nombres, para confundirles la Suprema Sabiduría les hizo oír una voz que les mandaba se ahorraran el tiempo de escribir sus obras. Conversaron un siglo sin entenderse nunca ni dar una plumada, y diz que cavilaban en tamaños errores.

De los artistas no hay mayores noticias. Nada se sabe de los músicos. En las iglesias se topan pinturas empolvadas de imágenes que se destacan en fondos pardos al pie de ventanas abiertas sobre panoramas curiosos por la novedad del cielo y el sin número de volcanes. Entre los pintores hubo imagineros y a juzgar por las esculturas de Cristos y Dolorosas que dejaron, deben haber sido tristes y españoles. Eran admirables. Los literatos componían en verso, pero de su obra sólo se conocen palabras sueltas.

Prosigamos. Mucho me he detenido en contar cuentos viejos, como dice Bernal Díaz del Castillo en "La Conquista de Nueva España", historia que escribió para contradecir a otro historiador; en suma, lo que hacen los historiadores.

Prosigamos con los monjes...

Entre los unos, sabios y filósofos, y los otros, artistas y locos, había uno a quien llamaban a secas el Monje, por su celo religioso y santo temor de Dios y porque se negaba a tomar parte en las discusiones de aquéllos en los pasatiempos de éstos, juzgándoles a todos víctimas del demonio.

El Monje vivía en oración dulces y buenos días, cuando acertó a pasar, por la calle que circunda los muros del convento, un niño jugando con una pelotita de hule.

Y sucedió...

Y sucedió, repito para tomar aliento, que por la pequeña y única ventana de su celda, en uno de los rebotes, colóse la pelotita.

El religioso, que leía la Anunciación de Nuestra Señora en un libro de antes, vio entrar el cuerpecito extraño, no sin turbarse, entrar y rebotar con agilidad midiendo piso y pared, pared y piso, hasta perder el impulso y rodar a sus pies, como un pajarito muerto. ¡Lo sobrenatural! Un escalofrío le cepilló la espalda.

El corazón le daba martillazos, como a la Virgen desustanciada en presencia del Arcángel. Poco, necesitó, sin embargo, para recobrarse y reír entre dientes de la pelotita. Sin cerrar el libro ni levantarse de su asiento, agachóse para tomarla del suelo y devolverla, y a devolverla iba cuando una alegría inexplicable le hizo cambiar de pensamiento: su contacto le produjo gozos de santo, gozos de artista, gozos de niño...

Sorprendido, sin abrir bien sus ojillos de elefante, cálidos y castos, la apretó con toda la mano, como quien hace un cariño, y la dejó caer en seguida, como quien suelta una brasa; mas la pelotita, caprichosa y coqueta, dando un rebote en el piso, devolvióse a sus manos tan ágil y tan presta que apenas si tuvo tiempo de tomarla en el aire y correr a ocultarse con ella en la esquina más oscura de la celda, como el que ha cometido un crimen.

Poco a poco se apoderaba del santo hombre un deseo loco de saltar y saltar como la pelotita. Si su primer intento había sido devolverla, ahora no pensaba en semejante cosa, palpando con los dedos complacidos su redondez de fruto, recreándose en su blancura de armiño, tentado de llevársela a los labios y estrecharla contra sus dientes manchados de tabaco; en el cielo de la boca le palpitaba un millar de estrellas. . .

—¡La Tierra debe ser esto en manos del Creador! —pensó.

No lo dijo porque en ese instante se le fue de las manos —rebotadora inquietud—, devolviéndose en el acto, con voluntad extraña, tras un salto, como una inquietud.

—¿Extraña o diabólica?...

Fruncía las cejas —brochas en las que la atención riega dentífrico invisible—y, tras vanos temores, reconciliábase con la pelotita, digna de él y de toda alma justa, por su afán elástico de levantarse al cielo.

Y así fue como en aquel convento, en tanto unos monjes cultivaban las Bellas Artes y otros las Ciencias y la Filosofía, el nuestro jugaba en los corredores con la pelotita.

Nubes, cielo, tamarindos. . . Ni un alma en la pereza del camino. De vez en cuando, el paso celeroso de bandadas de pericas domingueras comiéndose el silencio. El día salía de las narices de los bueyes, blanco, caliente, perfumado.

A la puerta del templo esperaba el monje, después de llamar a misa, la llegada de los feligreses jugando con la pelotita que había olvidado en la celda. ¡Tan liviana, tan ágil, tan blanca!, repetíase mentalmente. Luego, de viva voz, y entonces el eco contestaba en la iglesia, saltando como un pensamiento:

¡Tan liviana, tan ágil, tan blanca!. .. Sería una lástima perderla. Esto le apenaba, arreglándoselas para afirmar que no la perdería, que nunca le sería infiel, que con él la enterrarían. . ., tan liviana, tan ágil, tan blanca . . .

¿Y si fuese el demonio?

Una sonrisa disipaba sus temores: era menos endemoniada que el Arte, las Ciencias y la Filosofía, y, para no dejarse mal aconsejar por el miedo, tornaba a las andadas, tentando de ir a traerla, enjuagándose con ella de rebote en rebote..., tan liviana, tan ágil, tan blanca . . .

Por los caminos—aún no había calles en la ciudad trazada por un teniente para ahorcar— llegaban a la iglesia hombres y mujeres ataviados con vistosos trajes, sin que el religioso se diera cuenta, arrobado como estaba en sus pensamientos. La iglesia era de piedras grandes; pero, en la hondura del cielo, sus torres y cúpula perdían peso, haciéndose ligeras, aliviadas, sutiles. Tenía tres puertas mayores en la entrada principal, y entre ellas, grupos de columnas salomónicas, y altares dorados, y bóvedas y pisos de un suave color azul. Los santos estaban como peces inmóviles en el acuoso resplandor del templo.

Por la atmósfera sosegada se esparcían tuteos de palomas, balidos de ganados, trotes de recuas, gritos de arrieros. Los gritos abríanse como lazos en argollas infinitas, abarcándolo todo: alas, besos, cantos. Los rebaños, al ir subiendo por las colinas, formaban caminos blancos, que al cabo se borraban. Caminos blancos, caminos móviles, caminitos de humo para jugar una pelota con un monje en la mañana azul. . .

—¡Buenos días le dé Dios, señor!

La voz de una mujer sacó al monje de sus pensamientos. Traía de la mano a un niño triste.

—¡Vengo, señor, a que, por vida suya, le eche los Evangelios a mi hijo, que desde hace días está llora que llora, desde que perdió aquí, al costado del convento, una pelota que, ha de saber su merced, los vecinos aseguraban era la imagen del demonio...

(... tan liviana, tan ágil, tan blanca. . .)

El monje se detuvo de la puerta para no caer del susto, y, dando la espalda a la madre y al niño, escapó hacia su celda, sin decir palabra, con los ojos nublados y los brazos en alto.

Llegar allí y despedir la pelotita, todo fue uno.

—¡Lejos de mí, Satán! ¡Lejos de mí, Satán!

La pelota cayó fuera del convento—fiesta de brincos y rebrincos de corderillo en libertad—, y, dando su salto inusitado, abrióse como por encanto en forma de sombrero negro sobre la cabeza del niño, que corría tras ella. Era el sombrero del demonio.

Y así nace al mundo el Sombrerón.

Fuente: Libro de "Leyendas de Guatemala" (1930)

El Perro y Kakasbal (Guatemala)

Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía.

Kakasbal [espíritu del mal], que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:

—Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.

—Cómo no he de estarlo si mi amo me pega cada vez que quiere— respondió el perro.

—Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Por qué no lo abandonas?

—Es mi amo y debo serle fiel.

—Yo podría ayudarte a escapar.

—Por nada le dejaré.

—Nunca agradecerá tu fidelidad.

—No importa, le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

—Creo que me has convencido dime, ¿qué debo hacer?

—Entrégame tu alma.

—¿Y qué me darás a cambio?

—Lo que quieras.

—Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.

—Acepto.

—Cuenta, pues...

Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.

—¿Por qué te mueves?— le preguntó Kakasbal.

—No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin Kakasbal dijo:

—No cuento más. Me has engañado pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

Fuente: http://www.deguate.com/

Juan Tul y La Ardilla (Guatemala)

Cierta vez el conejo Juan Tul sostenía con las manos el techo de una cueva.

Pasó la ardilla, se detuvo y al verlo en tal apuro le dijo:

—¿Qué haces Juan Tul?

—Ya lo ves, sostengo el techo de esta cueva.

—¿Estarás cansado?

—Mucho.

—Si quieres yo te ayudaré.

—Me harás un favor porque te digo que ya no puedo más.

La ardilla tomó el lugar de Juan Tul y allí se estuvo horas de horas hasta que cayó en la cuenta de que se trataba de una broma. Bajó las manos y salió de la cueva.

A los pocos día encontró a Juan Tul y le dijo:

—Me engañaste con eso de la cueva.

Juan Tul, haciéndose el sorprendido, le contestó:

—Jamás he estado en la cueva que dices. Llevo meses en este zacatal. Por cierto, estoy que me muero de cansancio. ¿Por qué no me das una mano?

—Con mucho gusto— respondió la ardilla

Juan Tul le echó encima los hatos más grandes de zacate y escapó. La ardilla se rindió bajo el peso y como pudo se escurrió y luego pensó: "Otra vez me engañó Juan Tul".

En un camino volvió a encontrar a Juan Tul y le dijo:

—Ya no me engañarás más, Juan Tul. Con este bejuco te voy a dar una paliza.

—¡Qué cosas dices! Desde niño vivo junto a este árbol. Jamás me he alejado de él. No sé, la verdad, no sé de qué me hablas.

—De todas maneras te tengo que castigar.

—¿Y por castigarme así, vas a despreciar las piñuelas que están allí?

—¿Dónde?

—¿No las ves, tonta? ¡Allí, a la orilla del camino!

Y mientras la ardilla buscaba las piñuelas, Juan Tul desapareció.

Una tarde, la ardilla tropezó con Juan Tul y le dijo:

—Oye, Juan Tul...

—Yo no soy Juan Tul. Yo acabo de salir del bosque que está del otro lado del camino.

—Entonces ¿me darás un poco de agua? ¡Vengo sedienta de tanto correr!

—¡Claro que sí! Aquí tienes mi calabazo lleno de agua. Bebe hasta la última gota, si quieres.

Sedienta como estaba, la ardilla bebió de golpe todo el contenido del calabazo y cuando tomó aliento cayó de bruces. Lo que había tomado era aguardiente. Entonces Juan Tul, muerto de risa, le dijo:

—Vieja borracha, ahora alcánzame si puedes. Y echó a correr.

Fuente: http://www.deguate.com/

El hombre que vendió su alma (Guatemala)

Cierta vez un hombre bueno pero infeliz decidió salir de apuros vendiendo su alma al diablo.

Invocó a Kizín y cuando los tuvo delante le dijo lo que quería. A Kizín le agradó la idea de llevarse el alma de un hombre bueno.

A cambio de su alma el hombre pidió siete cosas una para cada día. Para el primer día quiso dinero y en seguida se vio con los bolsillos llenos de oro. Para el segundo quiso salud y la tuvo perfecta. Para el tercero quiso comida y comió hasta reventar. Para el cuarto quiso mujeres y lo rodearon las más hermosas. Para el quinto quiso poder y vivió como un cacique. Para el sexto quiso viajar y, en un abrir y cerrar de ojos, estuvo en mil lugares.

Kizín le dijo entonces:

—Ahora ¿qué quieres? Piensa en que es el último día.

—Ahora sólo quiero satisfacer un capricho.

—Dímelo y te lo concederé.

—Quiero que laves estos frijolitos negros que tengo, hasta que se vuelvan blancos.

—Eso es fácil— dijo Kizín.

Y se puso a lavarlos, pero como no se blanqueaban, pensó: "Este hombre me ha engañado y perdí un alma. Para que esto no me vuelva a suceder, de hoy en adelante habrá frijoles negros, blancos, amarillos y rojos".

Fuente: http://www.deguate.com/

La Paloma Torcaz (Guatemala)

Había una vez un guerrero valiente y apuesto.

Amaba la caza y así, con frecuencia, iba por los bosques persiguiendo animales. En una de sus cacerías llegó junto a un lago y, lleno de asombro, contempló a una mujer bellísima que bogaba en una canoa. El guerrero quedó tan enamorado que, muchas veces, volvió al lugar con el ánimo de verla pero fue inútil, pues, ante sus ojos, sólo brillaron las aguas del lago. Entonces pidió consejo a una hechicera, la cual le dijo:

—No la verás nunca más, a menos que aceptes convertirte en palomo.

—¡Sólo quiero verla otra vez!

—Si te vuelves palomo jamás recuperarás tu forma humana.

—¡Sólo quiero volverla a ver!

—Si así lo deseas, hágase tu voluntad.

Y la hechicera le clavó en el cuello una espina y en el acto el joven se convirtió en palomo. Este levantó el vuelo y fue al lago y se posó en una rama y al poco rato vio a la mujer y, sin poderse contener, se echó a sus pies y le hizo mil arrumacos. Entonces la mujer lo tomó entre sus manos y, al acariciarlo, le quitó la espina que tenía clavada en el cuello. ¡Nunca lo hubiera hecho, pues el palomo inclinó la cabeza y cayó muerto! Al ver esto, la mujer, desesperada, se hundió en el cuello la misma espina y se convirtió en paloma. Y desde aquel día llora la muerte de su palomo.

Fuente: http://www.deguate.com/

La Leyenda del Mico Brujo (Guatemala)

En todo Centroamérica se conoce la leyenda del “Mico Brujo”. En algunas partes también le dicen la Mona.

Decían nuestros antepasados que había unas mujeres que a las once de la noche se daban tres volantines para atrás y luego tres para adelante; que esta mujeres tenían un guacal blanco y que a la última voltereta vomitaban el alma en el guacal. Ya sin alma, tomaban figura de monos o micos y se dedicaban a hacer “diabluras”.

Y así, estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, se trepaban a los árboles y tiraban frutas a la gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un lugar a otro y arrojando pedradas contra las piedras de la calle. Muchas personas han tratado de agarrar y matar a la mona o al mico, pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen tenerlo acorralado se les esfuma como por encanto.

También contaban nuestros antepasados que estas mujeres podían convertirse en chanchas grandes, negras y llenas de lodo.

Apenas veían a la persona “señalada”, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir. Embestían furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla y hacerle perder el conocimiento. Al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.

Fuente: www.alumnosdeperitocontador.blogspot.com

Los penitentes de la Recolección (Guatemala)

Todos los días a los doce de la noche, los vecinos del Barrio de La Recolección escuchan pasos de encadenados.

Todos los días a los doce de la noche, los vecinos del Barrio de La Recolección escuchan pasos de encadenados. Son penitentes fantasmas que quieren librarse de sus culpas.

Cuando los han visto no solo van encadenados sino con capuchones antiguos. Algunos se flagelan. Son animas por las cuales las viejitas dicen hay que rezar.

Verlos atemoriza pero también produce pena y compasión porque a nadie le gustaría estar eternamente encadenado a sus malas acciones.

Fuente: centrohistorico.net

Leyendas del Corazón del Cielo en Guatemala (Guatemala)

Cuentan los indígenas kekchíes de Cobán que el Tzultak’a es el Dios del Maíz, es el Dios de las alturas, de las profundidades, de la abundancia, de los animales.

Celso A. Lara Figueroa

También es el Señor del Cerro, el Dueño del Mundo. Los indígenas pocomchíes de la región también le llaman Kajal Yuk Quixcab, que tiene el mismo significado.

El Tzultak’a siempre ha vivido en una cueva y continúa viviendo en las cuevas y en los cerros de la Alta Verapaz. Tenía una hija llamada Cana Po que se dedicaba a los oficios domésticos y como una buena muchacha también le gustaba tejer y bordaba en sus tejidos todos los acontecimientos del día.

La hija del Tzultak’a era la Luna y todos los días pasaba cerca de su casa Xbalamk’e que era el Sol y quien trataba de impresionarla porque se había enamorado de ella. Para que se diera cuenta de que era un hombre muy importante, pasaba todos los días cerca de la casa llevando como presa un venado. Cada vez que la señorita Luna veía pasar a Xbalamk’e se sentía impresionada y comentaba que ese hombre era un buen cazador. Un día le dijo a su papá, el Tzultak’a que para ella aquel hombre era muy atractivo y que estaba segura que él también le correspondía con el mismo atractivo que ella sentía por él.

El padre le respondió a su hija:

-“Hay que tener mucho cuidado con ese hombre, puede ser engañoso; pero debemos analizarlo en alguna forma, hasta que estemos seguros si su actitud es sincera.

En seguida dijo a su hija que el agua del nixtamal donde se cuece el maíz, tirara en el camino por donde acostumbraba pasar Xbalamk’e. Así lo hizo y cuando aquel pasó muy entretenido viendo a la muchacha Luna, no se dio cuenta de que el terreno que iba pisando estaba muy resbaloso por el agua de nixtamal que había sido tirada, y se resbaló y cayó.

Al momento de caer llevaba nada más un cuero de venado que era el mismo que le había estado sirviendo para engañar a la señorita Luna, que por estar pensando en ella ya no cazaba nada. Cuando cayó se descubrió que era simplemente un engañador y la Luna se rió mucho de él y su padre volvió a confirmarle que siempre debe tener cuidado con los hombres.

Desde ese momento Xbalamk’e tenía vergüenza de pasar por ahí, por haber fallado en sus intenciones. Desde entonces, siempre rondaba la casa de la luna, sin encontrar la oportunidad de volver a acercarse a ella para manifestarle su amor.

Cuando Xbalamk’e cayó al suelo también cayó una semilla de tabaco y esta semilla germinó, naciendo una planta que creció y a la que llegaban muchos colibríes para saborear el néctar de sus flores. Al ver esto Xbalamk’e aprovechó la oportunidad para hablar con el colibrí y le pidió le prestara su plumaje para utilizarlo y así poder acercarse hasta la casa de la señorita Luna.

El colibrí al principio no quiso acceder, pero después de tantos ruegos de Xbalamk’e lo convenció, ofreciéndole envolverse en unas hojas de ceiba y sólo así le prestó su plumaje. Xbalamk’e se puso el plumaje y se convirtió en un colibrí y se fue a parar sobre la planta de tabaco donde la señorita Luna lo vió. Lo estuvo viendo durante todo el día y ese día fue cuando apareció el Xakche’ en los tejidos que la Luna hacía, representando la planta del tabaco.

Cuando había pasado bastante tiempo, y ella había bordado ese motivo en su tejido, llamó a su padre y le dijo que le gustaba mucho ese pajarito que estaba sobre aquella planta y que lo quería. El Tzultak’a dijo a su hija que lo iría a cazar con su cerbatana (llamada Pubche’) con la cual hizo un disparo al Tz’unum (colibrí) con suavidad y solamente se desmayó. El pajarito cayó al suelo y él lo recogió y lo trajo a su hija, quien lo introdujo en la jícara donde guardaba los hilos que le servían para tejer. Cuando el pajarito volvió en sí dentro de la jícara, se sentía muy incómodo y empezó a piar. Ella lo tomó entre sus manos y cuando terminó de tejer, se lo puso sobre su güipil.

Entró la noche y la Luna se fue a dormir. A la media noche el Tz’unum se convirtió nuevamente en Xbalamk’e, tomando su forma natural. Al ver esto la Luna se asustó, pero estaba muy contenta de ver nuevamente a Xbalamk’e. Él le dijo a ella que llegaba a robársela, pero ella no estaba de acuerdo con eso porque su padre fácilmente los encontraría por medio de su espejo (lem). Xbalamk’e le dijo que esto lo había previsto y que trajera pom y copal, así como el espejo de su padre. Quemó las resinas y con el humo ahumó completamente el espejo para que el Tzultak’a no pudiera verlos a través del mismo y pudiera encontrarlos.

Entonces ella le dijo nuevamente:

-“También hay otro obstáculo que es su cerbatana (pubche’) y que es muy poderosa...-

El le pidió que fuera a traerla y que además trajera chile y lo moliera. Después echó suficiente chile molido dentro de la cerbatana y la fueron a dejar al mismo lugar donde el Tzultak’a la guardaba. Después de esto Xbalamk’e y la Luna huyeron a media noche.

Al amanecer del siguiente día el Tzultak’a llamó a su hija, pero ella no respondió porque ya se encontraba muy lejos, huyendo con su amado. Dispuso cerciorarse del motivo por el cual no aparecía su hija y se dio cuenta que en casa no había nadie. Se imaginó inmediatamente que Xbalamk’e se la había llevado y se enfureció tanto que inmediatamente fue a buscar su espejo (lem), pero se encontró con que estaba completamente ahumado por el humo del pom y del copal, por lo que no podía ver nada.

Pero Xbalamk’e cometió un error cuando sostenía el espejo ahumándolo, sus dedos quedaron marcados en el mismo, no permitiendo que esa parte se cubriera de humo y así fue como el Tzultak’a pudo observar por donde huían los jóvenes.

Muy enojado por la burla, el Tzultak’a dijo:
“Con mi poderosa arma yo les voy a dar alcance”

Y agarrando su cerbatana (pubche) aspiró primero bastante aire para soplar con más fuerza y en el momento que hizo esa aspiración, se tragó todo el polvo del chile y cayó al suelo desmayado, porque se estaba ahogando y tosía desesperadamente. Desde entonces apareció la tos en las zonas kekchíes y pocomchíes. Cuando el Tzultak’a se repuso y se dio cuenta que no podía alcanzar a los jóvenes con sus propias fuerzas, llamó a su amigo el Cagua Kak, que es el rayo y le explicó la razón de su llamado, pidiéndole que persiguiera a aquellos que se habían burlado de él. El Cagua Kak estuvo de acuerdo en colaborar con su amigo y fue así se apareció en los güipiles de Tactic, de Cobán y de Tamahú y todavía se le conoce como Palic.

Cuando el Tzultak’a pidió al Cagua Kuk que persiguiera a Xbalamk’e (el novio) y a Cana Po, que así se llamaba la hija que era la Luna, estos ya se encontraban cerca del gran lago de Izabal, huyendo de la persecución. Cagua Kak pudo controlarlos y fue en ese momento cuando precisamente encontraron donde esconderse, y la Luna se escondió en la caparazón de una tortura. En ese momento cayó con fuerza el hacha del rayo y partió en mil pedazos la caparazón de la tortuga donde se ocultaba la Cana Po, y con los fuertes vientos y la lluvia los pedazos fueron cayendo dentro de l agua.

Entró la noche y al día siguiente, cuando Xbalamk’e se repuso y salió de la concha, se dio cuenta que su amada Luna estaba hecha pedazos, hecha trizas. Entonces llamó a las libélulas y a los brujos, para que con sus guacales reunieran aquellas partículas y las fueran depositando hasta llenar trece tinajas (las trece tinajas también aparecen en los tejidos de Cobán, Tactic, Tamahú y San Pedro Carchá). Estas tinajas se llenaron con las partículas de la Caná Po y las cubrieron. Xbalamk’e pidió a una anciana que vivía cerca del lago que le guardara las 13 tinajas y que no fuera a abrirlas, porque él volvería dentro de 13 días.

Durante todo este tiempo la anciana estuvo muy inquieta, no podía dormir ni tenía tranquilidad a consecuencia de que se oía una serie de ruidos, chillidos y cosas muy raras que procedían de dentro de las tinajas, pero no se acercó a curiosear para ver lo que había adentro. Cuando regresó Xbalamk’e, al décimo tercer día, la anciana se puso muy contenta y le dijo que se llevara inmediatamente aquellas cosas que le causaban mucho espanto.

Xbalamk’e empezó entonces a destapar una por una las tinajas. Cuando levantó la tapa de la primera tinaja vio sólo serpientes de toda clase; en la segunda había solo animales repugnantes como lagartijas y otros reptiles, la tercera tenía solo animales ponzoñosos; en la cuarta, quinta y todas las demás habían avispas, tábanos, alacranes, arañas, vampiros y otros diferentes animales.

Cuando llegó a la penúltima tinaja Xbalamk’e pidió a un hombre que se llevara las tinajas que faltaba revisar y su contenido lo echara dentro del agua del lago. Pero este hombre tenía curiosidad por ver el contenido de las tinajas y en el camino abrió una de las tinajas de donde salió una nauyaca (serpiente grande, venenosa y con aspecto de tener cuatro fosas nasales) que lo asustó y del susto salió corriendo y el contenido de las tinajas se fue regando sobre la superficie de la tierra, hasta que se regaron todos los animales que iban a ser lanzados al gran lago.

Cuando la Luna retornó a la vida le faltaba su atributo de feminidad por lo que Xbalamk’e llamó a un cabro para que le diera la forma de una mujer y después a un venado, para que completara esta obra. La Luna dio al venado la fragancia de las flores y esto molestó mucho a Xbalamk’e porque sentía celos de él y entonces tomó el almizcle (sustancia odorífera) del ratón para untárselo al venado. Después, complacido por lo que había hecho, tomó de la mano a su amada Luna y se la llevó al cielo como esposa. Ahora, allá en el cielo vive Xbalamk’e que el mismo Sol que alumbra de día, con la Cana Po, que es la misma Luna que alumbra de noche.

El Sol se llevó al Cielo a la Luna en San Juan Chamelco

En cierta ocasión el Sol tuvo conocimiento que en un lugar lejano había una patoja muy linda y hermosa, que era tejedora y vivía con su padre. El Sol dispuso un día ir a buscarla porque si era bonita podría casarse con ella y cuando la encontró, quedó maravillado de ver tanta belleza que dispuso enamorarla.

Para impresionar a la patoja el Sol le llevó a obsequiar unos venados que le dijo había cazado, pero estos no eran de verdad sino que eran sólo los cueros rellenos de ceniza que aparentaban ser los cuerpos. La patoja emocionada ante la cortesía de su enamorado, preguntó a su papá:

-¿“Papá, será cierto que es cazador y que caza muy bien?” –le dijo la hija a su papá.

-“Vamos a probarlo” –le respondió el papá a su hija.

El padre agarró tres ollas de nixtamal y las regó sobre el suelo y cuando pasó el sol por ese lugar, se resbaló y cayó. Los venados le cayeron encima y como eran cueros rellenos de ceniza, se reventaron. La patoja se dio cuenta que los venados no eran de verdad y al ver el engaño de su enamorado, se enojó tanto que lo echó de su casa.

El Sol se quedó azorado por lo sucedido y ante el repudio de la patoja, se puso a llorar.

-“Ya no tengo nada que hacer”... –dijo el enamorado.

Pero el Sol, que se sentía muy enamorado, recordó que tenía poderes especiales y para llegar a la patoja dispuso transformarse en un pajarito gorrión. Como la patoja tejedora era bonita y hermosa, el Sol convertido en gorrión voló hasta donde estaba ella para contemplar su belleza.

-“Rin, rin”... –cantaba el gorrión contento de ver a la patoja, y llegó a posarse sobre el lazo que sostenía su telar.

La muchacha se impresionó al ver al gorrión, le dijo a su papá:

-“Papá, aquí hay un pajarito muy bonito”... “Mátalo, mátalo para mí”... –le dijo la muchacha a su padre.

El papá que consentía tanto a su hija, le respondió:

-“Está bien hija”... –le dijo el padre a su hija.

Al mismo tiempo el padre de la muchacha agarró su cerbatana y de certero disparo hirió al pajarito que cayó por los suelos.

La muchacha al ver herido al gorrión, lo auxilió, recogiéndolo y al mismo tiempo que contemplaba su plumaje, exclamó:

-“Es muy bonito” –dijo la muchacha.

-“Que te quede hija” –le dijo su papá.

El pajarito, como era un gorrión de plumaje muy bonito, le gustó tanto a la patoja y se lo llevó a su habitación, para cuidarlo y jugar con él. Al llegar la noche, la muchacha contemplando al gorrión se durmió tranquilamente, y el pajarito aprovechó la ocasión para convertirse nuevamente en un hombre. Cuando ella despertó aquel hombre le dijo a la muchacha que él era el Sol y que ella era la Luna. Y al mismo tiempo que enamoraba a la muchacha, le ofrecía hacerla su esposa.

-“Ahora estoy contigo”... –le dijo el Sol a la Luna.

La muchacha impresionada al saber que su pretendiente era el Sol y ella era la Luna, también se enamoró de él.

-“Nos vamos a huir”, le dijo el Sol a la Luna.

-“Está bien”... –le respondió la Luna, que fácilmente se convenció para acompañarlo.

Los dos amantes se fueron y se escondieron metiéndose en una laguna grande.

El padre de la patoja asustado al no encontrar a su hija, preguntó a su mujer:

-“Dónde está mi hija”... –le dijo.

-“No está”... –le respondió la esposa.

-“Voy a buscar un palo”... –dijo el papá, porque ese pájaro es un hombre malo que se robó a nuestra hija, y voy a buscarlo para matarlo.

Agarró su cerbatana y apuntó hacia el lugar por donde habían huído los jóvenes y aspiró fuertemente para halar a su hija, pero se le trabó el aire en la garganta y no logró su objetivo. Se quedó tosiendo fuertemente y exclamó:

-“Esto es la tos ferina”... –dijo el padre asustado.

El padre de la Luna llamó rápidamente al relámpago y le pidió ayuda:

-“Mi hija se huyó pero te ruego que mates al hombre que se la llevó”.

El relámpago rápidamente se convirtió en el trueno para buscar a los jóvenes que huían. Cuando el relámpago los encontró dejó caer la descarga de un rayo muy fuerte sobre los jóvenes. El Sol se escabulló y se escondió, metiéndose bajo las aguas del mar, pero el relámpago mató a la patoja.

Volvió a salir el Sol y vió en las aguas del mar la sangre de su mujer la Luna. Llorando desconsoladamente, llamó a unos pájaros y les dijo:

-“Me recogen toda la sangre de la Luna y me la guardan”... –les dijo el Sol sollozando y se metió en una concha de tortuga, para ocultarse.

Los pájaros recogieron la sangre de la Luna y la pusieron en un tecomate, dejándolo juntamente con otros tecomates que eran 13 por todos, y se retiraron. Pero el Sol no sabía en cual de todos los tecomates se encontraba la sangre de la Luna y se puso a buscarla, porque sabía que en uno de esos tecomates tenía que encontrar a su mujer.

Tentó (de tocar) el primer tecomate y encontró una culebra; en el segundo, había ratas; en el tercero, lagartijas; en el cuarto, ranas; en el quinto, sapos; en el sexto, ra kox (no se le encontró traducción); en el séptimo, gusanos; en el octavo, culebras tamagás (cierta serpiente venenosa); en el noveno, una concha de tortuga; en el décimo, pescados, en el undécimo, mariposas, en el duodécimo, murciélagos y hasta en el décimo tercer tecomate encontró a su mujer la Luna.

Cuando el Sol encontró a la Luna exclamó:

-“Yo soy el Sol, el marido de la Luna”, y llamó a su mujer y se la llevó al cielo.

El padre de la muchacha agarró su lente (anteojo) para ver de lejos hasta donde estaba su hija, pero ya no la vio porque el sol se la llevó en una bolsa.

El Sol ascendió al cielo llevándose a la Luna y su espíritu, se lo llevó a Dios como Ser Divino.

Fuente: http://www.deguate.com/

Las Leyendas del origen del lago de Atitlan Pais del Agua (Guatemala)

Los orígenes del Lago de Atitlán son de hace mucho tiempo cuando los cakchiqueles dieron muerte a saetazos a Tolgom.

Los kaqchikel o posiblemente los k’iche’, ya que los mismos vivían en constantes amenazas, pugnas, envidias y guerras hacia el siglo XV.
Así ellos acuñaron el citado vocablo, mismo que está constituido por lo siguiente:

Atit femenino, designa la luna y

Atit señala a la mujer anciana, dos veces abuela, y

Alá designa el género masculino, varón.

Unidos los dos términos, uno se sustantiva y el otro se adjetiva en Atit Alá, pero ya en la interpretación que le dieron los primeros castellanos, en el siglo XVI se convirtió en Atitlán, suprimieron la vocal después de la consonante T y le agregaron una N al final Atitlán.

Los orígenes del Lago de Atitlán son de hace mucho tiempo cuando los cakchiqueles dieron muerte a saetazos a Tolgom: se marcharon más allá del lugar de Qakbatzulú y arrojaron a la laguna los pedazos de Tolgom. Desde entonces es famosa la punta del cerro del lanzamiento de Tolgom. Enseguida dijeron: Vamos adentro de la laguna. Pasaron ordenadamente y sintieron todos mucho miedo cuando se agitó la superficie del agua.

De allá se dirigieron a los lugares llamados Panpatí y Payán Chocol, practicando sus artes de hechicería. Allí encontraron nueve zapotes en el lugar de Chitulul. A continuación comenzaron a cruzar el lago todos los guerreros yendo por último Gagavitz y su hermana llamada Chetehauh. Hicieron alto y construyeron sus casas en la punta llamada actualmente Qabouil Abah. Enseguida se marchó Gagavitz; fue realmente terrible cuando lo vieron arrojarse al agua y convertirse en la serpiente emplumada.

Al instante se obscurecieron las aguas, luego se levantó un viento norte y se formó un remolino en el agua que acabó de agitar la superficie del lago.

Los poblados mencionados han de haber estado en la parte noroeste del lago, mientras que lo siguiente pudo haber sucedido cercano al actual Santiago Atitlán: Allí deseaban quedarse las siete tribus, querían ver la ruina del poder de los zutujiles. Cuando aquellos bajaron a la orilla del agua y se detuvieron allí, les dijeron a los descendientes de los Atziquinahay: Acaba de agitarse la superficie de nuestra laguna, nuestro mar ¡oh hermano nuestro! Que sea para ti la mitad del lago y para ti una parte de sus frutos, los patos, los cangrejos, los pescados, les dijeron. Y después de consultar entre sí, contestaron: Está bien, hermano. La mitad de la laguna es tuya, tuya será la mitad de los frutos, los patos, cangrejos y pescados, la mitad de las espadañas y las cañas verdes. Y así también juntará la gente todo lo que mate entre las espadañas.

Así respondió el Atziquinahay. De esta manera fue hecha la división del lago, según contaban nuestros abuelos. Y así fue también como nuestros hermanos y parientes se quedaron con los zutujiles.
Pero nosotros no aceptamos la invitación para quedarnos. Nuestros primeros padres y abuelos, Gagavitz y Zactecauh se fueron y pasaron adelante entre las tinieblas de la noche.

Cuando hicieron todo esto no había brillado la aurora todavía, según contaban, pero poco después les alumbró. Luego llegaron al lugar de Pulchich, de donde partieron en grupos.

Fuente: MCD.gob.gt

La Leyenda Del Jilguerillo (Guatemala)

Cuenta la leyenda que hace cientos de años una tribu indígena se estableció en la zona Atlántica de nuestras tierras.

Entre ellos había un guerrero muy cruel llamado Batsu.

Un buen día Batsu decidió buscar esposa y escogió a Jilgue, una hermosa joven que acostumbraba pasear por el bosque cantando como un pajarillo.

Cuando Jilgue se enteró de las intenciones de Batsu huyó a esconderse en el bosque.

Batsu estalló en cólera cuando supo que la joven había desaparecido y mandó a sus guerreros a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue había desapareció. Entonces Batsu mandó a quemar el bosque. Cuando las llamas comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si salía podía salvarse.

Ella le respondió que prefería la muerte. El fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto vieron como Jilgue cayó al cuelo u agonizó. Pero un pajarillo color ceniza, con el pico y las patas rojas, comenzó a cantar sobre sus cabezas. No era el canto de un pájaro, era la voz de Jilgue, que desde entonces se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan los bosques de nuestras tierras.

Fuente: http://www.deguate.com/

La Leyenda de la Segua (Guatemala)

Hay varias leyendas de la Segua. Una de ellas cuenta que es una joven muy linda, que persigue a los hombres mujeriegos para castigarlos.

Se aparece de pronto en el camino pidiendo que el jinete la lleve en su caballo, pues va para el pueblo más cercano. Y dicen que ningún hombre se resiste a su ruego. Hay quienes le ofrecen la delantera de la montura y otros la llevan a la polca.

Para ella es lo mismo. Pero a medio camino, si va adelante vuelve la cabeza y si va atrás hace que el jinete la vuelva. Entonces aquella hermosa mujer ya no es ella.

Su cara es como la calavera de un caballo, sus ojos echan fuego y enseña unos dientes muy grandes, al mismo tiempo que se sujeta como un fierro al jinete. Y el caballo, como si se diera cuenta de lo que lleva encima, arranca a correr como loco, sin que nada lo pueda detener.

Otras leyendas cuentan que las Seguas son varias. Y no faltan ancianos que aseguren que cuando ellos eran jóvenes atraparon a una Segua. Pero que una vez atrapada y echa prisionera se les murió de vergüenza. Y que al día siguiente no encontraron el cadáver, sino solamente un montón de hojas de guarumo, mechas de cabuya y cáscaras de plátano.

Fuente: http://www.deguate.com/

25 mayo 2010

El Mico Brujo (El Salvador)

En todo El Salvador se conoce la leyenda del “Mico Brujo”. En algunas partes también lo relacionan con otras especies como La Mona o El Chancho.

Decían nuestros antepasados que habían unas mujeres que a las once de la noche se daban tres volantines para atrás y luego tres para adelante (saltaban hacia delante o hacia atrás); que estas mujeres tenían un guacal donde dejaban su alma y ya sin esta tomaban figura de monos, o chanchos y se dedicaban a hacer diabluras.

Y así estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, se trepaban a los árboles y tiraban frutas a la gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un lugar a otro y arrojando pedradas contra las personas que pasaban en la calle vecinas.

Muchas personas han tratado de agarrarlas y matar a la mona o chancha, pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen tenerla acorralada se les esfuma como por encanto.

También contaban nuestros antepasados que esas mujeres podían convertirse en chanchas grandes, negras y llenas de lodo. Apenas veían a la persona señalada, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir, embestían furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla y hacerle perder el conocimiento, al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.

La iglesia vieja (El Salvador)

En el pueblo de San Dionisio, que se encuentra hacia el Sur de la ciudad de Usulután, El Salvador, hay un lugar llamado “La Iglesia Vieja”.

Cuando los españoles llegaron a nuestras tierras, ése lugar se conocía con el nombre de "Ucelucla" que en lengua indígena significa “Lugar de Tigres”. Cuentan que los españoles fundaron allí un pueblo y construyeron una iglesia.

Un día en que se estaba celebrando misa, la iglesia de hundió totalmente. Algunas personas opinan que la causa del desastre fue que la iglesia estaba muy cerca del mar y allí la tierra es muy floja y como la iglesia pesaba mucho, el terreno se fue hundiendo.

Lo cierto es que la gente se llenó de miedo, como además los piratas atacaban mucho los pueblos de la costa y arrasaban con todo, decidieron abandonar sus hogares y se internaron más al norte. Allí fundaron una nueva ciudad a orillas del Río Chiquito, a la que le dieron el nombre "Usulután".

Cuentan que todos los años, para el Miércoles Santo y el Sábado Santo, a la hora en que se celebra la misa, se oye un repiqueteo de campanas que se va alejando del pueblo y se acerca al propio lugar en donde se hundió la iglesia de los primeros usuluclanes.

La Cuyancuat (El Salvador)

Esta historia se narra principalmente en el municipio de Izalco, en el Departamento de Sonsonate que es donde sale por las noches una especie de animal mitológico de gran tamaño, mitad culebra en los extremos inferiores y mitad cerdo en los extremos superiores.

Al visitar el centro turístico Atecozol en Sonsonate puedes encontrar una imagen en piedra de este fantástico animal.

Según cuentan los lugareños, se escucha por la noche a lo lejos un chillido tenebroso seguido de fuertes turbulencias bajo la tierra, dicho sonido se dice que proviene de éste animal, por lo cual, los lugareños se encierran a tempranas horas en sus hogares, esto se dá principalmente en los alrededores de los ríos y quebradas, dicho animal se arrastra recorriendo la zona en busca de alimento.

El Duende (El Salvador)

Es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él, como no bañarse o hacer cosas antihigiénicas. No deja tranquila a la muchacha bonita que escoge, por medio de ruidos por las noches, brisas y aromas, hasta causar que se quede solterona.

También cuentan otras historias que estos extraños seres son hombrecitos muy pequeños y de orejas puntiagudas, les gusta vestir ropas muy lujosas y de colores brillantes; y son guardianes de enormes ollas llenas de monedas de oro, y hablan un idioma que solo ellos entienden.

En nuestro medio se cree que son espíritus en pena y llegan a la casa donde los niños tienen un comportamiento incorregible, para llévaselos; es por eso que nuestros abuelos nos cantaban a la hora de dormir “Si no te duermes va a venir el duende y te va a llevar”.

Las Botijas (El Salvador)

Contaban nuestros abuelos que eran cantaros llenos de monedas de plata o de oro enterrados; que con el pasar de los años quedaban al descubierto; pero aquel que se encontraba una botija se aferraba a ella a tal grado que solo vivía para cuidarla, nunca llegaba a gastarse ni una sola de sus monedas y moría en la miseria. Más de alguno de nuestros abuelos las han visto cuando eran jóvenes pero han preferido seguir su pobreza; a que el mal les gane el alma.

Existen quienes cuentan que estas botijas es dinero pactado; que alguna persona a hecho con Satanás y al no poder cumplir su trato; el se llevaba el cuerpo y el alma de la persona, luego volvía a enterrar este caudal de dinero en una botija para atrapar a otro ambicioso que se atreva a desenterrarla y así poder ganar también su alma.

Nuestra Señora de Santa Ana (El Salvador)

Una de las leyendas más conocidas es la que explica la manera en que llegó la Señora de Santa Ana a dicho lugar.

Se dice “que unos indios llevaban esta imagen para Honduras y al pasar por Santa Ana ya era de noche y decidieron pernoctar en una gran Ceiba que estaba situada en la única plazoleta del lugar, llamado entonces Sihuatehuacán.

Al amanecer quisieron levantar la imagen para seguir su camino, pero ésta se les puso muy pesada y fue imposible moverla, de manera que decidieron dejarla en ese sitio”. Allí se levantó después una ermita y posteriormente una iglesia.

Otra de las leyendas sobre la Señora de Santa Ana: “Durante la Revolución de los 44”, una de las batallas más importantes celebrada en el cerro Techan, los soldados se encontraban desesperados, casi sin armas, y el bando contrario estaba muy cerca. De repente, vieron llegar a una señora extraña, alta, hermosa que llevaba un bulto en su delantal y un cántaro de agua. Les empezó a dar de beber agua. Después supieron que había sido la señora Santa Ana quien los libró en esa batalla.

La señora de los anillos (El Salvador)

Esto sucedió en San Salvador: Hace ya varios años estaban desapareciendo muchos niños, esto se le atribuía a una mujer de vestimenta blanca, con un rostro indescriptible, que en sus manos llevaba muchos anillos.

La historia se centra específicamente en una pareja y su bebé que vivían en un apartamento.

Una noche el señor estaba trabajando y su esposa leyendo en el cuarto; hacía mucho calor y pusieron al niño a la orilla de la ventana a quien el señor cuidaba de reojo.
Al poco rato, ya con una pesadez de sueño el señor empezó a cabecear y miró hacia la ventana... en la cual vio una mano detenida con muchos anillos... pero se sacudió frotándose los ojos y volviendo a ver de nuevo, cual fue su sorpresa, que ya no había nada.

Se queda dormido y luego de unos minutos se despierta dando un sobresalto. Ve una mujer parada a lado de su hijo el cual solo tenia unos cuantos meses de nacido. En ese momento se quedó paralizado sin poder hablar pero reaccionando corrió y tomó el niño y se fue al cuarto donde estaba la esposa. Quien le dijo que lo que veía, se debía a que no había podido dormir bien por varios días.

Al siguiente día se va a trabajar el señor y cuál fue su sorpresa que la mujer estaba en la entrada del edificio y la identificó por los anillos, luego tomó el bus dejándola sentada como una estatua.

En el bus oyendo que alguien que se reía a carcajadas miró hacia adelante y vio a la misma mujer parada frente a él, con el niño en manos, y desde ese día el hombre no coordino ideas, quedó directo y sin su bebé.

El Cerro de la Juana Pancha (El Salvador)

Se cuenta que en la cumbre del cerro Conchagua, a tres kilómetros al sur de la población, en una cueva habitaba una hermosa mujer que se dedicaba a robar grandes cantidades de dinero. Su nombre era Juana Francisca Callejas, pero le decían Juana Pancha. Era una hechicera que volaba de un lugar a otro y con la rapidez del viento podía desaparecer.

Con frecuencia hacía sus hechizos, que la llevaban al palacio de los capitanes generales de la antigua Guatemala y en ocasiones se convertía en un animal casero, capaz de entrar en cualquier lugar y sustraer los botines.

Dicen que una noche, cuando viajaba a su acostumbrada visita de la Unión a Guatemala, unos hombres hechiceros la atraparon y en consejo acordaron que debían quemarla.

Ella, en venganza, dejó la cueva encantada y toda persona que llega ahí nunca más vuelve a salir, y entre más lo intenta más se pierde en los opuestos caminos que conducen a su misteriosa abertura.

Sin embargo hay una profecía que dice que “el embrujo cesará a las tres de la tarde en un Viernes Santo, si alguien se atreve a entrar a la cueva y dormir esa noche, solo, sin temor a lo que pueda escuchar”.

La Flor de Amate (El Salvador)

El Ámate es un árbol muy conocido en El Salvador, este árbol es muy diferente a los demás en su estructura física. Su tronco es muy grueso y mal formado, pues tiene unas protuberancias (Si así se le pueden llamar), que hacen que el tronco parezca un rollo de cables mal hecho, sus ramas también un poco mal formadas, si uno se fija bien en ellas tienen un aspecto de garras. En fin un árbol fuera de lo común, además de no dar ni flores ni frutos.

Pero la leyenda dice que este árbol tiene un negro secreto oculto entre sus deformadas ramas, y es que a las 12:00 de la noche en punto, en la copa de éste, nace una hermosa FLOR BLANCA, la cual cae al suelo y el hombre que logre agarrar esta flor, tendrá todo lo que quiera, AMOR, DINERO Y SALUD, pero no es tan fácil, pues la verdadera prueba es luchar contra EL DIABLO, que es el dueño de esa flor.

Se dice que tiene que ser una lucha a muerte; si el Demonio gana, se lleva el alma de aquel hombre, pero si el hombre gana tendrá todo lo que él quiera.

Se cuenta que las únicas personas que ven a este árbol florecer en cualquier época del año son los MUDOS, ya que se sabe que nunca dirán nada de esta flor encantada.

La Poza de Bululu (El Salvador)

Se ubica en el Río Sensunapán entre el limite municipal de Sonzacate y Sonsonate, se afirmaba que en tiempos pasados la poza llamada “Bululú” era encantada y se hablaba con insistencia que ahí aparecía un guacal de oro que contenía un paste lleno de brillantes y un jabón plateado. El que osaba cogerlo era burlado por el objeto aparecido, sumergiéndose para salir a flote en otro lugar de la poza, y si por desgracia lograba tomarlo, se hundía juntamente con el guacal para nunca más volver.

También hay quien cuenta, que estos objetos, pertenecían a la Virgen de Candelaria (Patrona del Departamento), que quien se acercaba para agarrarlo, ella los castigaba por su ambición, ahogándolos en la poza. Pero quien lo veía y no lo tocaba, sabiendo que no le pertenecía, ella lo colmaba de riquezas.

El Caballero negro (El Salvador)

Es un ser que causa pánico, quien se imajia que se le aparezca el mero diablo, se mueren del miedo, ya que se lo imajina como un mounstruo, pero como ustedes saben el diablo es un demonio inteligente, sería absurdo que el se presentase como un animal feo, se presentaría de la forma mas atractiva posible.

Cuentan que hace mucho tiempo algunos dueños de haciendas de repente desaparecían y algunos aparecían despues en los potreros muertos y en su interior nada mas que zacate, dicen que cuando la mala suerte rodeaba a algunas personas o por razones de la vida un hombre se desesperaba, invocaban al diablo en buzca de ayuda.

Sin esperar se formaba un remolino espeso y aoarecia un jinete, muy elegante en un poderoso caballo, con monturas relucientes y una gran capa, su negocio era comprar almas, le complacia algunos deseos a quien lo imvocara a cambio de su alma, cuentan que el ofrecia dinero, mujeres, suerte , futuro para los hijos y riquezaz a cambio de el alma.

El caballero daba siete años a sus clientes para que disfrutaran de todo lo que el ofrecía y venía a los siete años a llevarse el alma que habia comprado.

La Descarnada (El Salvador)

Abundan los testigos que afirman haber tenido una experiencia tétrica con una hermosa mujer que se aparecía pidiendo ride o aventón en la carretera que conduce de Santa Ana a Chalchuapa. La mujer en primera instancia se aparecía en la orilla de la calle con una vestimenta provocativa y con una actitud sensual y audaz llamaba la atención de los incautos que eran atraídos por su belleza y coquetería. Cuando los conductores le preguntaban hacía donde se dirigía, ella les contestaba que a unos pocos kilómetros del lugar, entonces se montaba al auto y comenzaba a seducirlos. Cuando los hombres empezaban a tocarla y besarla, entonces sucedía algo espantoso, la piel se desprendía de su cuerpo hasta quedar totalmente convertida en pocos segundos en un esqueleto humano. Minutos después sus víctimas eran encontradas en estado de total confusión y únicamente recordaban los instantes en que aquella escena tenebrosa había ocurrido. Según los moradores del lugar, el espíritu de una bruja maligna es el protagonista de la lúgubre aparición.

El Tabudo (El Salvador)

Esta leyenda es muy popular entre los pescadores, moradores y visitantes de los lagos y lagunas de El Salvador. Parece ser que el dueño de una hermosa mansión localizada en el lago de Coatepeque salió a dar un paseo en una canoa artesanal; al estar cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea y llevado hasta los dominios de la diosa de agua dulce. Nunca se le volvió a ver con vida. A los pocos meses se apareció a las personas que cuidaban su propiedad y se las heredó. Ellos quedaron perplejos al verlo pues sus rodillas se habían ensanchado tanto que parecían un par de balones de fútbol, al igual que sus labios y se asemejaba a una criatura marina más que un ser humano. Las tabas son las rodillas y de ahí proviene el nombre. El tabudo es como una especie de magnate submarino y cuando le agrada una persona, se les aparece aparentando ser un humilde pescador y se los lleva hasta lo más profundo del lago; a los hombres los convierte en enormes peces de colores y a las mujeres en sirenas de agua dulce.

El Cadejo (El Salvador)

Dentro de las leyendas siempre existen seres bondadosos y angelicales y sus respectivos antagonistas. El cadejo es representado por un perro de ojos predominantes del cual se tiene dos versiones, un espécimen blanco que simboliza el bien y otro negro que simboliza el mal.

El cadejo negro simboliza al espíritu del mal que persigue a sus víctimas, los hipnotiza con sus enormes ojos color rojo escarlata y cuando los atrapa les roba el alma.

El cadejo blanco representa a un espíritu de luz que protege a todos los fieles creyentes y nunca permite que el cadejo negro se robe el alma de los recién nacidos o de los niños pequeños. Se dice que el cadejo negro es normalmente ahuyentando con el humo del incienso que en El Salvador se conoce como Sahumerio.

La Llorona (El Salvador)

Esta es una de las leyendas más populares no solo en El Salvador sino en todo el continente americano. Los lamentos de una mujer que clama por los hijos que ha perdido son escuchados con temor en noches de luna llena. Testigos afirman que la mujer va flotando en el aire vestida de blanco y cuando se detiene a llorar en la puerta o ventana de alguna casa, es presagio que los moradores de la misma pasarán por muchas penas, problemas y tribulaciones. Se dice que para alejarla junto con su sombrío augurio, se debe hacer un rezo especial en la casa durante nueve noches consecutivas.

La Carreta Bruja (El Salvador)

Cuentan que desde hace mucho tiempo y hasta la fecha todos los viernes por las noches, en algunos pueblos de El Salvador, al filo de la media noche se escuha el sonar de una carrta que comienza en lo profundo de los llanos y se acerca lentamente, se puede escuchar claramente el chirrido de las ruedas al rozar con los ejes con resequedad de grasa.

Hay muchas historias de la carreta bruja, he os contaré hoy la experiencia de Majin un señor que avansada edad que vivía cuando era joven en un pueblito del norte de El Salvador, sucede que una noche que el venía de visitar unos parientes en la noche, era casi media noche pero él ya estaba acostumbrado a caminar por aquellos caminos oscuros, solo con la luz de la luna.

A Majin ya nada le asustaba, se habia topado con el Cipitillo, la Siguanaba y en ocasiones le ecompañaba el Cadejo, pero esa noche ni Palomo su perro guardián iba con él. De repente faltando unos 2 kilómtros para llegar a su pueblo sintió el ruido de una carretaque se acercaba, de repente pensó, será don Concho que viene noche de traer zacate, o será que se les habia arruinado, en fin muchas ideas pasaron por su cabeza.

Cada vez aquel ruido se hacia mas cercano y estrepitoso, para eso Majin estaba por llegar al pueblo, solo le faltaba pasar junto al cementerio, siempre sentía escalosfríos al pasar por ese lugar, así que solo se persinó y siguió su camino, al lograr pasar la carreta estaba casi a sus espaldas, cuando sintió una corriente de frio helado que rrecorrió toda su espalda.

Lo que más le encrespó el cabello fué cuando las gallinas comenzaron con su caracteristico chillar de miedo, los perros salieron espantados asustados, eso infundió mas miedo, él sabia que la carreta no era nada bueno, asi que se pensino y medio se brincó un alambrado y se refugió detras de unos piñales cuando sintió que la carreta esta casi en frente, rezo oraciones.

En ese momento se iba apareciendo un bulto, que al ver más de cerca pudo ver la figura de una carreta desquebrajada que avansaba lentamente, además no tenía bueyes, y en la punta de sus trinquetes llebaba calaberas, en su interior yacian cuerpos de personas, a las cuales no reconoció, y tras ella avansaban seres con la cabeza de zacate, pasó frente a él y se alejó, Majin no se acuerda como llegó a su casa, solo que paso 3 dias con fiebre, desde ese día ya no se deja agarrar más de la noche y peor si es viernes.

* Esta es una de las muchas historias, muchos dicen que la carreta pasaba por los pueblos llevandose el alma de las personas malas y otros dicen que esta leyenda comienza cuando un hombre fué ganado por el diablo y obligaba a sus bueyes a entrar a una iglesia, pero los buelles se resisitían y no lo hicieron, sino que reventaron sus collundas y escaparon, la carreta rodo sin buelle cuesta bajo lo raro es que nunca la encontraron, pero la carreta siempre recorre las calles de pueblos y ciudades solitarias en buzca de almas malas.

El Cipitio (El Salvador)

El Cipitio es hijo de la Siguanaba, algunos creen que su padre fue el cacique que deformó a su madre, otros afirman que un brujo la sedujo, sin embargo no se sabe a ciencia cierta quien es su padre. Se cuenta que nació enfermo y con sus pies deformes, opuestos entre si. El Cipitio es el fiel compañero de su madre y se pasea por los ríos y veredas tratando de consolar el sufrimiento del que es objeto su progenitora. Él se alimenta de ceniza principalmente y hace ruidos extraños antes de mostrarse a los que ha elegido para darles una lección. Según cuenta la leyenda, se le aparece a personas que están obrando mal y les hace ver el error en el que han caído, no sin antes causarles un susto monumental. Muchas personas afirman que le han visto vagar junto a su madre, especialmente en áreas rurales y boscosas.

La Siguanaba (El Salvador)

Según cuenta la leyenda en una tribu de Cuzcatlán(nombre en náhuatl de nuestro país), existió una mujer muy bella llamada Sihuahuet de la cual todos los indios y principalmente los caciques se habían enamorado. Cuando Sihuahuet cumplió alrededor de dieciocho años, un emisario del cacique de mayor jerarquía de la región, se dirigió a ella indicándole que había sido elegida para ser esposa de su jefe. Sihuahuet rehusó aceptarlo porque su corazón le pertenecía a otro hombre, además el cacique en cuestión era cuarenta años mayor que ella. Al saber aquel poderoso hombre la decisión de Sihuahuet, decidió vengarse y envió a uno de sus guerreros a darle muerte al joven enamorado de Sihuahuet y a ella la mantuvo cautiva en una cueva hasta que un shaman por medio de un hechizo maligno la convirtió en una mujer fea y despreciable. Su cara fue deformada, sus pechos crecieron hasta rozar sus pies y aquella piel tersa y hermosa se había arrugado casi por completo. Desde ese entonces ella se pasea angustiosa por la orilla de los ríos y las quebradas, intentando volver a ver al joven que tanto amo y arrastrando sus pechos en las piedras. Otra versión cuenta que fue su propia vanidad la que le convirtió de Sihuahuet (mujer bella) a Siguanaba (mujer horrenda). Incluso existe una tercera versión que hace alusión a las torturas y prisión que sufrió aquella desventurada joven por parte del tirano que nunca pudo obtener su amor.

19 mayo 2010

La Leyenda de Las Tres Tetillas (Bolivia)

Hace un par de siglos que viene recorriendo en el espíritu aventurero de generaciones la leyenda de Las Tres Tetillas. La leyenda cuenta que poco después que los españoles descubrieron las grandes vetas de oro en Choquecamata, registrándolas ante las autoridades locales, más al oriente una comunidad de Padres de La Compañía de Jesús encontraron ricos filones de oro en un lugar enclavado en la selva del norte Cochabambino. Por las características del lugar, habiendo tres picos consecutivos, es que denominaron a las minas "Las Tres Tetillas". Los Padres se dedicaron a explotarla con la ayuda de indios Yuracarés sin haber solicitado las concesiones de ley ante el Corregidor. La tradición oral dice que explotaron fabulosas riquezas hasta que se vieron obligados a dejar América por el decreto de expatriación del Rey de España a todos los Jesuitas.

Fue el indio Tomás Cuchallo, ex-dependiente de los Padres, quien dejó un derrotero y un mapa de las Tres Tetillas dibujado en un cuero de cabra. Fue este derrotero que llegó a manos de la familia Salamanca, dueños de una gran hacienda desde Tiquipaya hasta el otro lado de la cordillera llegando a Totolima, el cual motivó las primeras incursiones de exploración al lugar de la leyenda en la época de la colonia. Fueron muchos Cochabambinos y extranjeros quienes intentaron ubicar y llegar a las impenetrables selvas de Las Tres Tetillas. Uno de los exploradores más famosos que pasó cerca de la zona fue Alcides D'Orbigny, quien no se detuvo a buscar oro porque su misión era diferente, mas en sus relatos él dice dejar la búsqueda a otros afortunados. Otros viajeros, que talvez nunca llegaron, no dudaron en crear más mitos sobre el lugar, como que en el lugar existían plantas carnívoras gigantes, tigres y víboras que protegían el oro, o que quienes llegaban nunca regresaban.

Fue el grupo de Los Siete Machos quienes habiendo explorado Las Tres Tetillas dejaron sus inscripciones grabadas en piedras areniscas en los años 50 sin hacer mayor publicidad. Este hecho fue constatado, para su sorpresa, por el Grupo de Exploración Mosetenes quienes motivados por develar los secretos de Las Tres Tetillas viajaron por treinta cinco días por aquellas densas y exuberantes selvas (En el blog del grupo http://mosetenes.blogspot.com se puede apreciar más de esta expedición). Ellos pudieron volver, sin ser devorados por los tigres o las plantas carnívoras, habiendo llegado a ver de que la leyenda sí tiene algo de verdad: efectivamente existen los socavones de minería. Talvez no encontraron oro porque hay otra leyenda, con sus derroteros respectivos, que cuenta que los Jesuitas escondieron todas las riquezas explotadas en socavones y galerías subterráneas cerca del río Sacambaya. Los Siete Machos dejaron una nota que los Mosetenes encontraron medio siglo después que decía "Aquí no hay ni Mi... Ca...".

En todo caso el verdadero tesoro para el turismo y la cultura son estas historias enclavadas en la bella geografía Cochabambina.

Por: Rodrigo Arteaga T.

El Pombero (Paraguay)

Duende guaraní que nada tiene que ver con la idea cristiana del demonio. Es un asustador característico del área guaranítica, desde donde se expandió a toda la Argentina, llevado de la mano de la constante migración de correntinos y paraguayos, principalmente. La creencia está fuertemente arraigada en Misiones, Corrientes, Entre Ríos, sur de Brasil y Paraguay.

Se dice que es una enano robusto, velludo, con brazos tan largos que los arrastra, manos desmesuradamente grandes, piernas cortas rematadas con enormes pies mirando hacia atrás (para desorientar a quien lo rastrea), no tiene “coyunturas”, es decir articulaciones del codo y rodilla, lo que hace que sus movimientos sean torpes y grotescos, usa un gran sombrero de paja, y anda sin ropas, aunque su miembro viril enorme es tapado por la profusa barba que le llega hasta el suelo.

El Pomberito gusta muchísimo del tabaco y la miel. Además puede ser amigo o enemigo del hombre, según la conducta de éste. Su función primordial es la de cuidar del monte y los animales salvajes.

Se enoja muchísimo si algún cazador mata más presas de las que consumirá. Si eso ocurre se transforma en cualquier animal o planta y con argucias induce al infractor a internarse a lo profundo de la selva donde se pierde. Lo mismo sucede con el pescador, o aquel que corta árboles que no utilizará. Su presencia no siempre puede ser advertida, porque la capacidad de metamorfosearse, hace que vigile subrepticiamente la conducta de los hombres.

Como es muy lascivo, acecha a las mujeres, especialmente a las que no han sido bautizadas para poseerlas, y viola a aquella esposa que públicamente pone en tela de juicio la virilidad de su marido. Algunos investigadores han recopilado la creencia de que el Pombero puede preñar a las mujeres, solo apoyando el dedo en su vientre. Esto ocurriría si la dama solitaria, sin bautismo, al ser visitada en la noche por él, no le invita tabaco, miel o cigarrillos. Quizá, de esta manera inocente e ingenua, la cultura guaranítica explica los nacimientos extramatrimoniales, hecho muy repudiado en estos núcleos sociales.

Si el Pombero es enemigo, se está expuesto a innumerables peligros dentro del bosque, porque siempre con engaños intentará perderlo en la espesura. Algunas veces provoca extraños accidentes dentro de los ranchos, como por ejemplo que se cierren solas las puertas, o caigan utensilios de la cocina, misteriosamente. Los que están enemistados con el duende, en las noches, suelen escuchar pasos y voces en los alrededores del rancho, como si alguien caminara por el patio en las noches.

En cambio si es amigo, pueden obtenerse grandes ventajas, puesto que él, de manera invisible guiará al cazador hasta el lugar donde se hallan las presas más grandes y gordas, la buena pesca o los mejores frutos silvestres que sirven de alimento. Para ganarse su amistad, es necesario dejarle cada noche, durante treinta días sin interrupción, detrás del rancho, potes de miel, tabaco o cigarrillos, alimentos que le gustan muchísimo. Además, nunca debe pronunciarse su nombre en voz alta dentro de la casa, porque esto lo enoja.

El Pombero nada tiene que ver con el Diablo. Esta es la concepción cristiana del mal, por lo tanto no debe asociarse al duende guaranítico con Satanás. La lujuria, característica común a ambos entes, está presente en todas las civilizaciones. A Lucifer no le preocupa el equilibrio ecológico, porque realiza el mal por el mal mismo. Digo esto, porque cuando el sonado caso de la supuesta aparición de un Pombero en el Barrio Santa Teresita de Presidencia Roque Sáenz Peña, en ocasión de entrevistar a la joven que afirmaba haberlo visto y sido golpeada por él, advertí la presencia de mujeres munidas de Biblias, representantes de un culto evangélico del barrio. Como se negaron a hablar conmigo, no pude intercambiar ideas con ellas. Esta actitud, culturalmente irresponsable, crea mayor confusión en cuanto a la interpretación de la mitología popular. Porque la mujer no estaba poseída, según la concepción del cristianismo, estuvo simplemente bajo los fuertes síntomas de una histeria, provocada por el temor hacia el Pombero, inculcado desde niña en su hogar. Si esas mujeres hubieran conocido nuestra cosmovisión, seguramente no hubieran confundido con tanta liviandad conceptos tan dispares.

Entre los araucanos hay también un “Pombero” llamado Peukén que persigue a las mujeres. Es igualmente un duende bajo y lascivo que pertenece a las regiones boscosas de los hacheros de Chile.
Como San Antonio y el Negrito Pastorero del folklore del Brasil, el Pombero interviene también en la búsqueda de los objetos perdidos, por eso se oye decir: - ¡Pomberito, Pomberito se me haces encontrar, (aquí el nombre del objeto perdido) yo te ofrezco tabaquito!- Esta promesa debe ser cumplida para evitar que el Pomberito se enoje, ya que su disgusto es de cuidado. El nombre guaraní del Pomberito es Cuarahí Yara o Dueño del Sol.

El origen del nombre, quizá lo encontramos en el sur del Brasil, donde se llama “Pombeiro” al que espía. Igualmente nuestros aborígenes pampas llamaban “Bombero” al que marchaba en las líneas de avanzada, reconociendo el terreno, antes y durante los malones. Por su actitud de acecho, quizá Pombero derive de estas fonías

La Salamanca (Argentina)

Llegó al Chaco junto con los santiagueños que se desplazaron hacia nuestra provincia atraídos por la zafra algodonera y la gran demanda de mano de obra que en ese tiempo ofrecía la actividad forestal. Algunos de ellos fueron conducidos por sus "Patrones" (los colonos) que viajaron expresamente a buscarlos. Otros simplemente arrearon sus míseros ganados, cargaron sus pocos enseres en zorras o volantas e hicieron el viaje hasta el sector noroeste del Chaco, donde se afincaron como pequeños criadores de ganado criollo. Desarrollaron una agricultura de subsistencia y muchos de ellos estacionalmente participaban de la cosecha del algodón en los alrededores. En las noches, en ruedas de fogón, contaban a sus jóvenes historias sobre la LA SALAMANCA. El gran interés que despertaron estas narraciones hizo que sea un excelente recurso para infundir miedo, aumentar su prestigio de "hombres experimentados" y sobre todo, transmitir pautas culturales, y valores de tipo ético o moral. Esta actitud, nos permite valorar el ingenio de los primeros criollos que sin haber recibido educación formal, descubrieron que el relato de historias fantásticas podía llevar entre líneas, aquellas enseñanzas que le interesaba transmitir a sus hijos. Igual procedimiento fue utilizado por los primeros pueblos europeos. Es decir, fabulando historias que interesaban sobremanera a los cándidos repertorios, explicaron el origen del mundo material, satisficieron la curiosidad respecto de los fenómenos internos del alma, dieron a conocer reglas de comportamiento social y encontraron una respuesta a la gran duda sobre el origen del mundo.

La Salamanca es el baile de los diablos. En ese aquelarre donde participa todo el Averno. Encontramos allí a los excluidos, las brujas, los asesinos, los malditos y también a quienes asisten para adquirir determinadas destrezas. El diablo mayor otorga el don de ser el mejor guitarrero, el mejor domador, suertudo con las guainas, ganador en los juegos de azar, buen cuchillero y mejor rastreador, a quien, pacto de sangre mediante, firme un TRATO con él. Este convenio consiste en adquirir las destreza deseada, a cambio del alma, la que será entregada cumplido el plazo que se estipula en el acto. Pero para ganar la confianza del Tío, es necesario vencer pruebas de valor antes de ingresar al recinto. Soportará el salamanquero el embate de horribles bestias, furiosas víboras, sonidos que hielan la sangre, visiones demoníacas, cruzará senderos de espinas y fuego, pero principalmente abjurará de Dios, escupiendo a la entrada un crucifijo. Cerrado el trato, sale al mundo a despertar la envidia de otros varones y la admiración de las mujeres.

En Santiago del Estero dicen que la Salamanca se halla en la profundidad de los montes. Que los solitarios sacheros suelen escuchar una música irresistible en la lejanía de la espesura. Quien tema las malas artes, o por principios religiosos reniegue de esas prácticas, evitará dejarse llevar por la tentación. En Catamarca, cuando alguien es sospechado de haber visitado la Cueva del Diablo (socavones en la montaña) observan al pasar éste si proyecta sombra, señal inequívoca que es prueba irrefutable. En Chile dicen que para llegar al lugar es necesario conocer la fórmula mágica que debe pronunciarse, la cual es transmitida por alguien que ya estuvo allí. En nuestro país, para llegar a La Salamanca, se requiera de la firme voluntad de hacerlo, armado de un coraje extraordinario para vencer todos los peligros figurados que deberá sortear para alcanzar tan preciadas habilidades.

La creencia en La Salamanca proviene de España. Allí al finalizar la expulsión de los moros, se tejieron historias sobre las prácticas de brujería y magia negra que llevaban a cabo los invasores en las cuevas de las montañas y la más famosa era la Cueva de Salamanca. Hay en la actualidad una provincia homónima en el norte de ese país y también una diócesis. La literatura ibérica satirizó a la sociedad de la época, creando obras donde los protagonistas cuya moral se cuestionaba, eran visitadores de las Cuevas para estudiar magia negra. En la Argentina, el cancionero popular ha abordado el tema, lo mismo que la literatura gauchesca (recuérdese Santos Vega y Don Segundo Sombra).

La luz mala (Argentina)

La Luz Mala, Fuego Fatuo, o Farol de Mandinga es una de las creencias populares más arraigadas en el norte argentino. Finalizada la conquista territorial y espiritual de esta parte de América a mano de los españoles, las huellas que dejaron son indelebles, y este se verifica en la conformación de muchas leyendas que circulan aún la actualidad. En cuanto a la Luz Mala, dicen se trataría de antiguos tesoros en oro y plata perdidos por los conquistadores, cuando fueron asesinados en emboscadas por los nativos. Esos bienes se enterraron producto de la erosión, o simplemente fueron escondidos por sus dueños, cuya ubicación algunos afirman conocer, tejiéndose cuentos del tío victimando a cándidos paisanos. En el noroeste argentino, afirman que las luces son los brillos del metal dirigidos por las almas de sus antiguos dueños, que intentan atemorizar a quien acierta a pasar por el lugar donde está ubicado. Se afirma que el día de San Bartolomé (fecha en que el diablo no tiene la vigilancia de los ángeles) es el propicio para descubrir el lugar de ubicación de un "Tapado" (Tesoro) Ese día Satán busca almas ingenuas que se aventuren movidos por la codicia a esos lugares. Indudablemente el miedo a la muerte, y la concepción religiosa del mal, generan en la intimidad del pensamiento estas fabulaciones.

En nuestra provincia, esos avistamientos de luces serían almas en pena, que buscan contar sus cuitas a quien quiera escucharlos, pidiendo eleven oraciones que ayuden a obtener el perdón divino. Por supuesto que producen terror a quien la divisa. En las regiones central y sur del Chaco son moneda corriente las historias de apariciones de Luces Malas. Incluso yo he tenido la oportunidad de observar su presencia, de distintas formas, experiencia que resume todo lo referente a esta creencia. Es decir nunca fui molestado, ni observé extrañas formas o ruidos. Escuché relatos de golpizas, de asustar cabalgaduras, de frenar violentamente los biciclos, y floridas especulaciones respecto de contratiempos sufridos a causa de la luz. Quizá se deba a algún sentimiento de culpa muy íntimo, que actuó sobre la psiquis del paisano instalándose en su sector consciente, una ficticia experiencia de castigo por la falta que carga.

La explicación más corriente a este fenómeno real, es el de creer que se trata de gases fosforescentes generados por la descomposición de huesos o metales nobles. Serían gases con esa propiedad física, que por tener una densidad distinta al aire que lo contiene no adopta su forma, aglutinándose en forma de bolas, y por su peso específico infinitesimalmente distinto al aire de la atmósfera, serían movidos por la menor brisa. Nuestro organismo no siempre percibe el movimiento de la masa de aire, lo que explicaría el movimiento de traslación del fenómeno. También nuestro territorio fue surcado por españoles portadores de cargamentos de metales preciosos traídos del sur del Imperio Inca. Además podría haber acumulación de huesos de animales producto de sequías, o de cementerios de nativos. Todas especulaciones de dan fuerza a la creencia de la descomposición de estos elementos, como generadoras de la Luz Mala.

La Llorona (Argentina)

Cuando los españoles sientan reales en América, comienza un proceso de mestizaje incontenible, a pesar de los esfuerzos por evitarlo, realizados por misioneros y jefes. El amor entre los soldados y nativas, estaba por encima de los intereses económicos y religiosos que motorizaron la conquista. Estas relaciones, clandestinas en principio, aceptadas gradualmente luego, generó sublimes historias, pero desnudó muchas veces la miseria humana que expuso el español en su relación con los nativos. Encontramos aquí, es probable, algunos elementos que conforman el origen de las fabulaciones sobre la presencia de mujeres encarnadas en espantos americanos. Las apariciones de ellas en solitarios caminos o apartados parajes, tuvieron distintas justificaciones y distintos objetivos en los regentes sociales que las generaban, esparciendo las historias mediante la transmisión oral.

Algunas veces es un alma en pena purgando pecados incestuosos, otras una mujer que abandonó a su marido y vaga pagando su deuda, o una madre que mató a sus hijos por lo tanto la condena es inevitable. La presencia de aparaciones de mujeres se verifica en Colombia, Argentina, Puerto Rico, México, Chile. En cada lugar tiene un nombre carcterístico y aparece por distintas razones. Ya sea para castigar a algún novio o marido adúltero, para proteger con su compañía a algún alma piadosa, o simplemmente para contar su pena.

En México dicen que una princesa inca se enamoró de un apuesto funcionario español, con quien tuvo apasionado romance. Cuando nace el hijo (bastardo para el civilizado) no podían mostralo públicamente, por lo tanto la joven lo ahoga en un arroyo cercano a la ciudad. Tiempo más tarde, el español debía cumplir con ciertas reglas que su círculo social imponía, por lo tanto contrae matrimonio de conveniencia con una española. El arrepentimiento y el dolor hicieron presa de la nativa, que pierde la razón. Todos los atardeceres llega hasta el lugar del crimen, para derramar lágrimas y gritar su dolor. Su actitud no comprendida y su conducta despreciada tanto por el conquistador como por los de su sangre, aceleró su muerte. Desde entonces, afirman, cada atardecer se oberva a una mujer que vaga gimiendo sin rumbo en las cercanías del curso de agua, y cuando alguien se aventura solo por esos lugares, lo acompaña llorando, pidiendo que escuchen sus cuitas. Sólo consigue espantar a los caminantes ocasionales.

La versión conocida en Costa Rica, tiene orígenes más cercanos. Dicen allí que una joven que vino del campo a la ciudad para trabajar como doméstica en una casa acomodada, se enamora del señorito de quien tiene un hijo. Apenas descubierto su embarazo es despedida. También en su hogar encuentra incomprensión. Allí la rigurosa moral católica hace que sus padres la expulsen del hogar, y sea despreciada por sus familiares y amigos. Como acto deseperado ahoga al niño en un arroyo, lo que le produce un dolor incontenible, llevándola a la muerte. Después de su deceso, dicen vaga la Llorona por los caminos buscando castigar a las madres desamoradas o para contar a algún caminante su desgracia.

Es indudable que estos relatos practicados en ruedas nocturnas especialmente, despertaban el interés de auditorios jóvenes y de seres temerosos. Advertida esta característica por los ancianos, aprovecharon éstos, para transmitir mediante estas historias determinados valores morales. En aquellos lugares olvidados de dios, no había escuelas, es decir que la transmisión sistemática de la cultura se hizo mediante estos relatos. Por eso en toda América, se atemorizó a las muchachas, para que resistan ante el llamado irresistible de sus impulsos amorosos, muchas aprovechado despiadadamente por inescrupulosos señoritos.

La Umita (Argentina)

Este asustador está muy arraigado en el noroeste argentino y en Santiago del Estero. Dicen por allá que es una cabeza humana sin cuerpo que anda flotando a ras del piso por los caminos solitarios, o aparece en taperas (ranchos abandonados). Tiene una larga y desprolija cabellera, ojos desorbitados, dientes desparejos y salientes. Cuando se desplaza emite un llanto lastimero. Se cree que se acerca a los caminantes, no para agredirlos, sino para pedirles ayuda, que consiste en elevar oraciones a fin de lograr la redención, y descansar en paz. Nadie ha contado el motivo del horrendo sufrimiento, aunque sí se acepta que pena por un castigo. Por supuesto, no consigue su objetivo, porque el terror que despierta la cara desencajada y los horrendos gritos que emite, espanta a los caminantes.

Si algún hombre vence el miedo y la pelea, debe hacerlo durante toda la noche. Nadie ha conseguido vencerla. Afirman los paisanos que en todos los casos, al llegar la madrugada se convierte en un toro o ternero, y allí le cuenta el motivo de su sufrimiento. El mortal que escucha la confesión se vuelve mudo, y de esa manera se conserva el secreto para siempre.

También creen los norteños que si alguien se anima a soportar el asco y miedo que produce el rostro desencajado, será amigo de la Umita. En ese trance, ella lo acompañará en su camino haciendo de guía, protegiéndolo de los malos espíritus y de los peligros que acechan al caminante.

La constante migración interna que se produce en nuestro país, difundió esta creencia allí donde se radican los provincianos. Es decir que la presencia de la Umita se comenta en una superficie muy amplia que podemos medir desde el Río colorado en el sur, hasta la Quiaca en el norte, aunque sin el predicamento del noroeste o Santiago del Estero.

Según una recopilación de Wenceslao Sierra Arbayza, en el Perú, la Uma o Quequi es una mujer joven, que sale a pasear con la cabeza separada de su cuerpo. La bruja se divide en dos: la cabeza voladora, donde se concentra toda su vida, y el cuerpo, que permanece inerte mientras dura el hechizo, pero mantiene una vida latente que se manifiesta en el burbujeo que hace la sangre en el cuello. Sus salidas son siempre de noche, para algunos las noches de luna llena, para otros algunos días especiales (viernes, martes, jueves).

Su grito más frecuente es waq... waq..., parecido al pato. Come excrementos humanos que confunde con manzanas. Tiene los cabellos largos y enredados. Normalmente en sus salidas encuentra a un hombre solo, comenzando un verdadero combate en el que cada cual utiliza los puntos débiles del contendor para obtener ventaja. El hombre puede atacar a la cabeza o al cuerpo, que están separados. Si ataca el cuerpo inerte de la bruja (que entonces no se puede defender) lo podrá matar poniéndole sal o cenizas en el cuello, donde la sangre hierve. Si la bruja logra pasar por entre las piernas del hombre, lo mata.

Si la bruja constata que ya no puede pegarse a su propio cuerpo (porque su cuello tiene ceniza), vuelve al ataque buscando prenderse del hombro del hombre, apropiándose así de su cuerpo, que tendrá en adelante dos cabezas. Contra la Uma en vuelo el hombre tiene un arma fundamental: las espinas, con las cuales se recubre los hombros y la entrepierna para protegerse, o que utiliza como arma para atrapar la cabeza. Existe también la posibilidad de esconderse o escapar, pero entonces la cabeza tiene las posibilidades de ganar, porque es muy rápida y tiene buen olfato.

Quien soporte su presencia también puede obtener riquezas prometiendo a la Uma liberarla. Ella conoce los sitios donde se esconden los tesoros minerales de la tierra, de los cuales es dueña y los puede regalar. Ella pertenece a esta vida, es una mujer mala, castigada por Dios de esa manera.

En mis recopilaciones escuché historias de la Umita en Las Breñas, tanto en la ciudad como en la zona boscosa del norte, donde hay una importante comunidad de santiagueños que migraron espontáneamente, para radicarse como ganaderos.

El Mate (Argentina)

Entre los muchos signos distintivos de los argentinos, paraguayos, uruguayos y algunos brasileños sobresale la costumbre de tomar mate. Nadie imagina a los habitantes de los países mencionados que no consuman esta bebida en forma de té o simplemente chupando la infusión de un calabacín con yerba mate molida, a través de una bombilla. Es compañero de estudiantes en sus vigilias preparando materias, acompañó a nuestros gauchos en los dilatados campos de la pampa, fue fiel amigo de los reseros, dio calor a los montañeses en las interminables noches, los guaraníes lo usaron para amenguar el cansancio y hasta sus hechiceros lo incorporaron en sus rituales, lo cierto es que él está íntimamente ligado a la vida de sus consumidores.

“Me duele la cabeza porque no tomé mate” le escuché decir a más de un gringo cuando venían de sus chacras a diligenciar al poblado y debían quedarse durante todo el día. Muchas criollas aconsejaban a sus hijas, madres primerizas, tomar mate cosido “para tener leche” con qué alimentar a sus bebés. Daniel Granada en su Vocabulario rioplatense razonado confirma el saber popular cuando describe la costumbre de los gauchos y chinas, quienes al amanecer tomaban mate amargo (cimarrón) acompañado con un poco de carne (charque) si había, para comenzar sus rudas tareas y no volver a ingerir alimento hasta el almuerzo. El cronista español Ruiz de Montoya anotó que en la provincia del Guayrá los guaraníes ponderaban la excelencia de la hierba: Alienta el trabajo, sirve de sustento, purga las flemas del estómago, despierta los sentidos y que los españoles la usaban para curar el mal de orina. Se atribuye a Hernando Arias de Saavedra haber descubierto la yerba mate en 1592. Tomado conocimiento de las propiedades, los Jesuitas edificaron su imperio convirtiéndola en el “oro verde”, porque se dedicaron al cultivo intensivo, utilizando la mano de obra gratuita de los aborígenes.

Tanta bondad asignada por sus seguidores tiene como corresponde la respectiva leyenda. Recordemos que los pueblos antiguos (americanos y europeos) apelaban al recurso de la fabulación para explicarse el origen de las cosas. Personalmente conozco dos leyendas “creíbles” (hay fabulaciones más emparentadas con el romanticismo que con el pensamiento mágico de los pueblos primitivos) que brevemente les relataré. Una corresponde a la etapa guaraní anterior a la llegada del conquistador y la última ya vestida con el ropaje colocado por los jesuitas.

Yasí (la luna) quiso recorrer la tierra, entonces tomó forma humana y junto a la nube Araí caminaron por los montes admirando los paisajes. Era el mediodía, el ruido del bosque no les permitió escuchar los pasos sigilosos del yaguareté que las acorraló presto a comerlas. Apareció entonces un guerrero guaraní que mató de un flechazo al animal. Yasí agradecida, se acercó al bravo hombre y le dijo que como premio por salvarle la vida, encontraría al levantarse al día siguiente frente a su choza una nueva planta, la que debía arrancarle hojas, tostarlas, colocarles en un recipiente para luego agregar agua caliente y chupar con una cañita el líquido. De ese modo obtendría alivio a su cansancio, durante las largas jornadas de marcha tras una presa. Así lo hizo el hombre dando nacimiento a la Yerba Mate.
Cierto día, Dios quiso probar el comportamiento de sus ciervos, entonces descendió a la tierra acompañado de San Juan y San Pedro. Se internó en lejanos bosques llegando hasta el rancho de un viejito que lo habitaba acompañado de su hija, una joven virgen de singular belleza. La tenía escondida, para que su alma argentina no se contamine con la maldad de los hombres. Los recién llegados piden asilo al viejo que no duda en hacerlo compartiendo con ellos su mísera comida. En agradecimiento Dios convierte a la joven en la planta de Yerba Mate, que aunque la corten, vuelve a rebrotar, permaneciendo siempre verde y ofrece una bebida generosa para la salud.

Alrededor del mate, nuestro hombre de campo antiguo que solamente podía hablar y tener contacto directo con su enamorada luego del casamiento, se elaboró un lenguaje simbólico. En las visitas la china apelaba al mate para trasmitir su pensamiento al aspirante a su corazón. Era imposible hablar a solas, entonces el mensaje venía en la cebadura. Algunos de los más comunes:
Lenguaje del mate

  • Mate amargo: indiferencia, no esperes nada, se acabaron las ilusiones.
  • Mate dulce: amistad.
  • Mate muy dulce: hablá con mis padres.
  • Mate con canela: me estás interesando.
  • Mate con café: estuve enojada pero te perdono.
  • Mate con leche: amistad respetuosa, estima.
  • Mate con melaza: me preocupa verte triste.
  • Mate con miel: casamiento.
  • Mate con cedrón: acepto.
  • Mate con limón: prefiero no verte.
  • Mate con té: indiferencia.
  • Mate con azúcar quemada: simpatía, estoy pensando en vos.
  • Mate con cáscara de naranja: vení a buscarme, quiero que vuelvas.
  • Mate con ombú: tu visita es indeseable.
  • Mate con toronjil: disgusto.
  • Mate muy caliente: yo también estoy ardiendo de amor.
  • Mate frío: desprecio.
  • Mate hirviendo: odio.
  • Mate tapado: buscate otra.
  • Mate espumoso: te amo demasiado.
  • Mate lavado: andate a tomar a otro lugar.
  • Mate largo: visita poco grata.
  • Mate corto: quiero verte más seguido.
  • Mate encimado: mala gana.

Encontramos en las leyendas americanas un grado alto de ingenuidad en cuanto a la construcción de la historia, pero se lee siempre entre líneas una enseñanza destinada a afianzar los valores esenciales de las comunidades.